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ORACIÓN
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Virgen Santa e
Inmaculada,
a Ti, que eres el
orgullo de nuestro
pueblo
y el amparo maternal
de nuestra ciudad,
nos acogemos con
confianza y amor.
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Eres toda belleza,
María.
En Ti no hay mancha
de pecado. |
Renueva en nosotros
el deseo de ser
santos:
que en nuestras
palabras
resplandezca la
verdad,
que nuestras obras
sean un canto a la
caridad,
que en nuestro
cuerpo y en nuestro
corazón brillen la
pureza y la
castidad,que en
nuestra vida se
refleje el esplendor
del Evangelio.
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Eres toda belleza,
María.
En Ti se hizo carne
la Palabra de Dios.
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Ayúdanos a estar
siempre atentos a la
voz del Señor:
que no seamos sordos
al grito de los
pobres,
que el sufrimiento
de los enfermos y de
los oprimidos no nos
encuentre
distraídos, que la
soledad de los
ancianos y la
indefensión de los
niños no nos dejen
indiferentes, que
amemos y respetemos
siempre toda vida
humana. |
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Eres toda belleza,
María. En Ti vemos
la alegría completa
de la vida dichosa
con Dios. |
Haz que nunca
perdamos el rumbo en
este mundo:
que la luz de la fe
ilumine nuestra
vida,
que la fuerza
consoladora de la
esperanza dirija
nuestros pasos, que
el ardor entusiasta
del amor inflame
nuestro corazón, que
nuestros ojos estén
fijos en el Señor,
fuente de la
verdadera alegría.
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Nueve meses antes de
la fiesta de la
Natividad de María
(8 de septiembre),
la Iglesia celebra
la solemnidad de la
Inmaculada
Concepción de la
Santísima Virgen
María. Esta fiesta
fue establecida en
1476 por el Papa
Sixto IV; Clemente
XI la hizo universal
en 1708. Recogiendo
la doctrina
expresada a lo largo
de los siglos por
los Padres y los
Doctores de la
Iglesia, por los
concilios y los
Papas que lo
precedieron, Pío IX
proclamó
solemnemente en 1854
el dogma de la
Inmaculada
Concepción de María:
“Declaramos,
afirmamos y
definimos verdad
revelada por Dios la
doctrina que
sostiene que la
santísima Virgen
María fue
preservada, por
especial gracia y
privilegio de Dios
omnipotente, en
previsión de los
méritos de
Jesucristo Salvador
del género humano,
inmune de toda
mancha de pecado
original desde el
primer instante de
su concepción”.
(Bula Ineffabilis
Deus, 1854). |
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“En el sexto mes, el
ángel Gabriel fue
enviado por Dios a
una ciudad de
Galilea, llamada
Nazaret, a una
virgen que estaba
prometida a una
varón de la estirpe
de David, llamado
José. El nombre de
la virgen era María.
El ángel entró en su
casa y la saludó,
diciendo:
«¡Alégrate, llena de
gracia, el Señor
está contigo!». Al
oír estas palabras,
ella quedó
desconcertada y se
preguntaba qué podía
significar ese
saludo. Pero el
ángel le dijo: «No
temas, María, porque
has hallado gracia
ante Dios.
Concebirás y darás a
luz un hijo, y le
pondrás por nombre
Jesús. Él será
grande y será
llamado Hijo del
Altísimo. El Señor
Dios le dará el
trono de David, su
padre, y Él reinará
sobre la casa de
Jacob por los
siglos, y su reino
no tendrá fin».
María dijo al ángel:
«¿Cómo puede ser
eso, si no conozco
varón?». El ángel le
respondió: «El
Espíritu Santo
descenderá sobre ti
y el poder del
Altísimo te cubrirá
con su sombra. Por
eso, el Santo, que
va a nacer de ti,
será llamado Hijo de
Dios. Ahí tienes a
tu parienta Isabel,
que a pesar de su
vejez, ha concebido
un hijo y ya va en
el sexto mes la que
llamaban estéril,
porque no hay nada
imposible para
Dios». María
contestó: «Yo soy la
esclava del Señor,
cúmplase en mí lo
que me has dicho». Y
el ángel se retiró
de su presencia”. (Lc
1,26-38) |
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El texto del
Evangelio guarda una
estrecha relación
con la carta a los
Efesios (1,3ss) que
la liturgia nos
ofrece hoy como
Segunda Lectura; se
trata de un himno de
alabanza, gloria y
bendición que
celebra el plan de
Dios para la
humanidad: "Bendito
sea Dios, el Padre
de nuestro Señor
Jesucristo, que nos
ha bendecido en
Cristo con toda
clase de bienes
espirituales en el
cielo, y nos ha
elegido en Él, antes
de la creación del
mundo, para que
fuéramos santos e
irreprochables en su
presencia, por el
amor. Él nos
predestinó a ser sus
hijos adoptivos por
medio de
Jesucristo”. Se
trata de un sueño,
un proyecto, que
encuentra su modelo
en María: santa e
inmaculada. |
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El primer sueño de
Dios se rompió con
el pecado de Adán y
Eva, que la liturgia
nos presenta en la
Primera Lectura:
ante el sueño de
Dios, el hombre y la
mujer tienen siempre
la libertad de decir
“no”. Con el
"sí" de María, Dios
recupera el sueño
original. Este “sí”
hace posible que su
único Hijo Jesús se
haga hombre en el
seno de una Mujer.
El "sí" de la Virgen
llega tras un primer
momento de
desconcierto que
pasa enseguida,
porque al Amor que
pide no se le puede
dejar de responder
con un amor que se
pone a disposición.
María, la llena de
gracia, la toda
bella, la toda pura,
la toda santa: la
belleza de Dios
brilla en ella. Se
convierte en la obra
maestra del amor de
Dios. |
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Pero todos estamos
predestinados, todos
estamos llenos de
bendiciones, todos
hemos sido elegidos
para ser santos e
inmaculados. La
Virgen María, por
tanto, no ha de ser
tan solo admirada
con ternura y
asombro, sino que
también ha de ser
imitada para que la
belleza de Dios
resplandezca en la
tierra gracias a los
muchos "sí" que los
hombres y mujeres de
hoy siguen
pronunciando por la
intercesión de
María, la
Inmaculada,
siguiendo su
ejemplo. |
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