| |
| |
|
ADVOCACIÓN MARIANA: |
|
MARÍA MADRE DE LA IGLESIA |
|
|
|
| |
|
   |
| |
|
ORACIÓN
|
¡Madre, ayuda
nuestra fe!
Abre nuestro oído a
la Palabra, para que
reconozcamos la voz
de Dios y su
llamada.
Aviva en nosotros el
deseo de seguir sus
pasos, saliendo de
nuestra tierra y
confiando en su
promesa.
Ayúdanos a dejarnos
tocar por su amor,
para que podamos
tocarlo en la fe. |
|
Ayúdanos a fiarnos
plenamente de Él, a
creer en su amor,
sobre todo en los
momentos de
tribulación y de
cruz, cuando nuestra
fe está llamada a
crecer y a madurar. |
Siembra en nuestra
fe la alegría del
Resucitado.
Recuérdanos que
quien cree no está
nunca solo.
Enséñanos a mirar
con los ojos de
Jesús, para que Él
sea luz en nuestro
camino.
Y que esta luz de la
fe crezca
continuamente en
nosotros, hasta que
llegue el día sin
ocaso, que es el
mismo Cristo, tu
Hijo, nuestro Señor. |
|
|
|
La Memoria de la
Santísima Virgen
María, Madre de la
Iglesia, nos
recuerda que la
maternidad divina de
María se extiende,
por voluntad del
mismo Jesús, a todos
los hombres, así
como a la Iglesia.
El Papa Francisco,
en 2018, fijó esta
memoria en el lunes
siguiente a la
solemnidad de
Pentecostés, el día
en que nace la
Iglesia. Pero este
título no es nuevo.
Ya San Juan Pablo II,
en 1980, invitó a
venerar a María como
Madre de la Iglesia;
e incluso antes, San
Pablo VI, el 21 de
noviembre de 1964,
al concluir la
Tercera Sesión del
Concilio Vaticano II,
declaró a la Virgen
"Madre de la
Iglesia". En 1975,
la Santa Sede
propuso una Misa
votiva en honor de
la Madre de la
Iglesia, pero esta
celebración no entró
en el calendario
litúrgico. Junto a
estas fechas
recientes, no
podemos olvidar lo
mucho que el título
de María, Madre de
la Iglesia, está
presente en la
sensibilidad de San
Agustín y San León
Magno; de Benedicto
XV y León XIII. Como
hemos dicho, el Papa
Francisco, el 11 de
febrero de 2018, en
el 160° aniversario
de la primera
aparición de la
Virgen en Lourdes,
decidió hacer
obligatoria esta
Memoria. |
|
|
|
Del Evangelio según
san Juan Junto a la
cruz de Jesús,
estaban su madre y
la hermana de su
madre, María, mujer
de Cleofás, y María
Magdalena. Al ver a
la madre y cerca de
ella al discípulo a
quien Él amaba,
Jesús le dijo:
«Mujer, aquí tienes
a tu hijo». Luego
dijo al discípulo:
«Aquí tienes a tu
madre». Y desde
aquel momento, el
discípulo la recibió
en su casa. (Jn
19,25-27). |
|
|
|
María al pie de la
cruz María está al
pie de la cruz. Ella
"estaba de pie":
esto indica
presencia,
continuidad, la
fuerza de estar ahí.
A diferencia de los
discípulos, María
nunca dejó a su Hijo
Jesús en el camino
de la Cruz. Allí,
Jesús confía al
discípulo amado a su
Madre (y viceversa).
María afronta este
momento con gran
dignidad, no escapa
a los
acontecimientos de
la vida, sino que se
mantiene en pie. |
|
|
|
Un nuevo "Aquí
estoy" para María
María es invitada
por su Hijo a decir
un nuevo "Aquí
estoy", un nuevo
"sí", más convencido
y más maduro. A
través de su "estar
al pie de la cruz",
madura su
experiencia de fe y
maternidad, y esto
la hace capaz de ir
más allá. Desde el
principio, el
corazón de María
estaba lleno de
interrogantes: "Se
preguntaba qué podía
significar ese
saludo" (Lc 1,29).
Las preguntas
también surgieron en
presencia de Simeón:
"Este niño será
causa de caída y de
elevación para
muchos en Israel;
será signo de
contradicción, y a
ti misma una espada
te atravesará el
corazón. Así se
manifestarán
claramente los
pensamientos íntimos
de muchos" (Lc
2,34-35). María y
José "estaban
admirados por lo que
oían decir del Niño"
(Lc 2,33). El "Aquí
estoy" de María no
es de una vez por
todas, sino que
crece, madura a
través de los
acontecimientos de
la vida, incluidos
los de la Cruz,
junto a la que María
"está de pie". Aquí,
en esta fidelidad
lograda, María
recibe una nueva
misión, una especie
de "suplemento" de
la maternidad, hasta
el punto de
convertirse en
"Madre de la
Iglesia". Madre,
porque nos regenera
en la gracia para
que aprendamos a
crecer en la medida
de Cristo (Ef
4,7-13). |
|
|
|
La vida cristiana
anclada en el
misterio de la Cruz
La fiesta "nos
ayudará a recordar
que el crecimiento
de la vida cristiana
debe fundamentarse
en el misterio de la
Cruz, en la ofrenda
de Cristo en el
banquete
eucarístico, y en la
Virgen oferente,
Madre del Redentor y
de los redimidos",
explica el decreto
sobre la celebración
de esta memoria. Así
como María supo
estar bajo la Cruz,
sin huir de la
fatiga, de la
incomprensión y del
sufrimiento, así
también María,
Madre, sabrá estar
al lado de cada uno
de los que su Hijo
ha hecho sus hijos.
Esto nos lleva a
invocarla como
"Madre de la
Iglesia". |
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
| |
| |
|
SANTOS DEL DIA:
San Gregorio VII
San Beda el Venerable |
|
|
|
| |
|
   |
|
|
|
San Gregorio VII |
|
San Gregorio VII
es una de las
figuras más
santamente
controvertidas
de la Historia.
Los católicos
verdaderamente
fieles ven en él
a un batallador
incansable en la
defensa de los
derechos de la
Iglesia, eximio
reformador de
las costumbres
del clero y gran
santo, de los
más
extraordinarios
Papas de la
Historia y un
hombre que marcó
a fondo su época
y los siglos
posteriores. Los
enemigos de la
Iglesia,
precisamente por
esas virtudes,
lo abominan, lo
cual es para él
una gloria más.
Historiadores
imparciales,
incluso no
católicos,
prestan homenaje
a su gran
personalidad y
fuerza de
voluntad, sobre
todo a su deseo
sincero de
hacerlo todo por
la exaltación
del Papado, y la
consiguiente
mayor gloria de
Dios. |
|
|
|
El niño
Hildebrando,
futuro Gregorio
VII, nació en
Toscana en la
pequeña
localidad de
Sovana, no lejos
de Siena, en una
familia modesta.
Su padre fue,
según todo
indica,
carpintero, y
nada tuvo que
ofrecer a su
hijo sino la
protección de un
tío materno,
Lorenzo, que por
sus méritos
había sido
nombrado abad
del monasterio
de Santa María,
en el Monte
Aventino. Ese
tío se encargó
de la educación
del niño, de
inteligencia
privilegiada,
que hizo
profundos
progresos en los
estudios. Era
él, como San
Pablo, bajo de
estatura y
delgado de
cuerpo, pero,
como el Apóstol,
tenía un alma de
fuego. Aún
siendo clérigo,
habiendo
recibido las
órdenes menores,
entró al
servicio de Juan
Graciano, que
había sido su
profesor en la
escuela
lateranense.
Éste, apreciador
del
extraordinario
talento de
Hildebrando,
afirmaba que
nunca había
visto
inteligencia
igual. Cuando
fue elevado al
solio pontificio
con el nombre de
Gregorio VI,
Juan Graciano lo
nombró su
secretario.
Hildebrando, que
tenía apenas 25
años y era aún
subdiácono, fue
así
providencialmente
iniciado en los
asuntos de la
Iglesia, a la
cual más tarde
gobernaría con
tanta sabiduría
y fortaleza. En
esa época, trabó
relaciones con
otro de los
mayores hombres
del tiempo, el
cardenal San
Pedro Damián.
|
|
|
|
A pesar de no
haber sido aún
ordenado
sacerdote, era
ya un gran
predicador. El
emperador
Enrique III
afirmó que
ninguna palabra
lo había
conmovido tanto
cuanto la de él.
En el año 1045,
Gregorio VI fue
depuesto por el
emperador y
desterrado a
Colonia.
Renunció al
papado e
Hildebrando lo
siguió al
exilio. Con la
muerte del ex
Papa al año
siguiente,
Hildebrando
viajó a Francia,
donde visitó la
abadía de Cluny,
entonces en su
apogeo.
Encantado con la
santidad de San
Hugo y de San
Odilón, allí
tomó el hábito
monástico.
|
|
|
|
Pero no pudo
disfrutar por
mucho tiempo de
su retiro.
Bruno, obispo de
Toul, habiendo
sido elegido
Papa con el
nombre de León
IX, confió a
Hildebrando la
administración
temporal de la
Iglesia con el
título de
arcediano, y
también el
gobierno del
monasterio de
San Pablo
Extramuros,
entonces muy
decadente. Le
confirió aún el
título de
cardenal-diácono.
Secundado por
Hildebrando, el
nuevo Papa se
lanzó con fervor
y determinación
a la reforma del
clero y el
restablecimiento
de las leyes de
la Iglesia,
principalmente
de su libertad
contra la
ingerencia del
poder secular.
Para poner en
ejecución sus
decretos,
convocó a un
sínodo, en el
cual condenó los
dos males más
notorios de la
época: la
simonía y la
incontinencia
del clero. En
1054, León IX
entregó su alma
a Dios. Muchos
milagros suyos,
en vida y
después de la
muerte, hicieron
que su nombre
fuese incluido
en el
Martirologio
Romano. Durante
el reinado de
los cuatro Papas
siguientes,
Hildebrando se
destacó de tal
manera, que
“nada se hizo en
aquel tiempo en
Roma sin el
consejo y el
asentimiento de
Hildebrando; él
dominaba, con su
vasta capacidad,
la corte y las
facciones, y
todos tributaban
respeto y
homenaje a su
elevado mérito”.
1 Su influencia
llegó al apogeo
con el Papa
Alejandro II
(1061-73), que
lo nombró su
canciller. Ya
entonces
desempeñaba
funciones como
las de un primer
ministro. |
|
|
|
|
|
|
|
Oh Papa San
Gregorio VII,
valeroso
defensor de
la Iglesia y
servidor
fiel del
Todopoderoso,
te elevamos
nuestras
plegarias.
Tú que
luchaste
incansablemente
por la
justicia, la
moralidad y
la pureza de
la fe,
concédenos
la gracia de
entender
cuán vano es
luchar
contra el
amor y la
verdad de
Dios. |
|
Ruega por
nosotros,
para que
estemos
siempre
abiertos a
la reforma
de nuestras
almas,
respondamos
a la
voluntad
divina y
seamos
instrumentos
de paz y luz
para quienes
nos rodean. |
|
Guíanos
con tu
espíritu de
valentía,
liderazgo y
determinación
para
mantener
firmes
nuestros
valores
cristianos
en todo
momento. |
|
Escucha
nuestras
oraciones y
ayúdanos en
nuestras
necesidades.
Confiamos en
que, después
de escuchar
nuestras
peticiones
en la
tierra, un
día nos
llamarás a
estar
contigo en
el cielo,
ante el
eterno Sumo
Sacerdote,
Jesucristo
Nuestro
Señor.
Amén." |
|
|
|
| |
|
   |
| |
|
|
|
Te imploro,
buen Jesús,
que así
como en
tu
misericordia
me has
permitido
beber con
deleite las
palabras de
tu
conocimiento,
así también,
por tu
amorosa
bondad, me
concedas un
día ir a ti,
fuente de
toda
sabiduría, y
estar para
siempre ante
tu
presencia.Amén." |
|
|
|
Santa
Julia de Córcega |
|
Yo, Beda, siervo de
Cristo y sacerdote
del monasterio de
los Beatos Apóstoles
Pedro y Pablo, que
está en Wearmouth y
Jarrow... nací en el
territorio de dicho
monasterio, y a la
edad de siete años
mis padres me
confiaron al cuidado
del Reverendísimo
Abad Benedicto, y
más tarde a Ceolfrid,
para ser instruido.
Desde ese momento
pasé toda mi vida en
dicho monasterio".
Así escribe el
Venerable Beda en
731 en su Historia
ecclesiastica gentis
Anglorum (una de las
mayores obras de la
historiografía de la
Alta Edad Media). Su
nacimiento está
fechado entre 672 y
673. Se hizo diácono
a los 19 años y fue
ordenado sacerdote a
los 30 años. Dedicó
toda su vida al
estudio de la
Sagrada Escritura y
a la enseñanza "semper
aut discere aut
docere aut scribere",
(siempre aprender o
enseñar o escribir),
es su único interés
y, por eso, sus días
están enmarcados en
la oración y el
canto coral. |
| |
|
Beda debe su grande
cultura a la lectura
de los libros de las
bibliotecas de
Wearmouth y Jarrow,
por lo que su
educación es amplia
y articulada y su
conocimiento de una
vastedad asombrosa.
Lee griego y hebreo,
se inspira en
Cicerón, Virgilio,
Lucrecio, Ovidio,
Terencio y en
particular en los
Padres de la
Iglesia,
especialmente en el
estudio de la
Biblia. Y así, en
sus lecciones,
emerge su sabiduría
y teología. La
didáctica de Beda es
una didáctica
interdisciplinaria,
que explica los
Textos Sagrados
también a través de
autores de la
antigüedad pagana y
a través del
conocimiento
científico de su
tiempo. Como fruto
de su erudición
tenemos innumerables
escritos teológicos,
históricos y
científicos, pero
también trabajos
académicos y
pedagógicos. Beda
murió el 26 de mayo
de 735 en Jarrow
donde fue sepultado.
En 1022 sus restos
fueron trasladados a
la catedral de
Darham a instancias
de Eduardo el
Confesor, el
penúltimo rey de los
anglosajones y rey
de Inglaterra. El
epíteto "Venerable",
con el que Beda era
llamado ya en vida
gracias a su
reputación de
santidad y
sabiduría, se
difundió muy pronto,
tanto que el
Concilio de
Aquisgrán lo
describió como "venerabilis
et modernis
temporibus doctor
admirabilis Beda"
(el Venerable y
maravilloso doctor
de nuestro tiempo
Beda). El 13 de
noviembre de 1899
León XIII lo declaró
Doctor de la
Iglesia. |
| |
|
Beda es el autor del
primer martirologio
histórico; escribió
manuales; para los
monjes copistas,
escribió el Liber de
loquela per gestum
digitorum que enseña
a contar con los
dedos; compuso
poemas y versos. Sin
embargo, se interesó
sobre todo por la
historia y comentó e
interpretó en
particular la
Sagrada Escritura
("La Sagrada
Escritura es la
fuente constante de
la reflexión
teológica de Beda",
precisó Benedicto
XVI en la catequesis
de la audiencia
general del 18 de
febrero de 2009
dedicada al monje
inglés). Por sus
comentarios,
tratados y
colecciones de
homilías, se le
considera el mayor
exégeta de la
Iglesia occidental a
partir del final de
la era patrística.
Su versión de la
Biblia fue usada por
la Iglesia hasta
1966. Muy conocida
es su Historia
Eclesiástica de los
pueblos anglicanos:
unas 400 páginas
recogidas en 5
libros, con la
narración política y
eclesiástica de la
historia de
Inglaterra desde la
época de César hasta
sus días. |
| |
|
Considerando el
nacimiento de Cristo
como el centro de la
historia, Beda fue
el primero en contar
los años "antes de
Cristo" y "después
de Cristo". "El
cómputo que elaboró
científicamente para
establecer la fecha
exacta de la
celebración de la
Pascua, y por lo
tanto todo el ciclo
del año litúrgico,
se ha convertido en
el texto de
referencia para toda
la Iglesia Católica"
(Benedicto XVI,
Audiencia General
del 18 de febrero de
2009). Beda inventó
también las
anotaciones y las
notas a pie de
página. Finalmente
hay que recordar que
el lema del Papa
Francisco "Miserando
atque eligendo",
reproducido en el
escudo pontificio,
está tomado de la
Homilía 21 de Beda
sobre el episodio
evangélico de la
vocación de San
Mateo: "Vidit ergo
Iesus publicanum et
quia miserando atque
eligendo vidit, ait
illi Sequere me"
escribe Beda (Jesús
vio un publicano y
mirándolo con un
sentimiento de amor,
lo eligió y le dijo:
Sígueme). |
| |
|
|
|
| |
|
|