REGINA RORYS ORA PRO NOBYS - NON NOBIS DOMINE SED NOMINI TUO DA GLORIAM - STAT CRUZ DUM VOLVITUR ORBIS - CRUX SANCTI ATRIS BENEDICTI - CRUX SACRA SIT MIHI MUX - NON DRACO SIT MIHI DUX - PAX

 


Mes dedicado a María Santísima del Rocío: Purísima e Inmaculada Madre de Dios, Madre Nuestra; Auxiliadora de los cristianos consuelo de los afligidos Blanca Paloma. ¡OH María sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a ti!  REGINA RORYS, ORA PRO NOBIS


 
 

 

 

 

LUNES 25 DE MAYO

 

LUNES DE PENTECOSTÉS

 
 
 
 

ADVOCACIÓN MARIANA:

MARÍA MADRE DE LA IGLESIA

 
 

 

ORACIÓN

¡Madre, ayuda nuestra fe!
Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.

Ayúdanos a fiarnos plenamente de Él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe está llamada a crecer y a madurar.

Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.
Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que Él sea luz en nuestro camino.
Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.
     La Memoria de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, nos recuerda que la maternidad divina de María se extiende, por voluntad del mismo Jesús, a todos los hombres, así como a la Iglesia. El Papa Francisco, en 2018, fijó esta memoria en el lunes siguiente a la solemnidad de Pentecostés, el día en que nace la Iglesia. Pero este título no es nuevo. Ya San Juan Pablo II, en 1980, invitó a venerar a María como Madre de la Iglesia; e incluso antes, San Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, al concluir la Tercera Sesión del Concilio Vaticano II, declaró a la Virgen "Madre de la Iglesia". En 1975, la Santa Sede propuso una Misa votiva en honor de la Madre de la Iglesia, pero esta celebración no entró en el calendario litúrgico. Junto a estas fechas recientes, no podemos olvidar lo mucho que el título de María, Madre de la Iglesia, está presente en la sensibilidad de San Agustín y San León Magno; de Benedicto XV y León XIII. Como hemos dicho, el Papa Francisco, el 11 de febrero de 2018, en el 160° aniversario de la primera aparición de la Virgen en Lourdes, decidió hacer obligatoria esta Memoria.
 
     Del Evangelio según san Juan Junto a la cruz de Jesús, estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. (Jn 19,25-27).
 
     María al pie de la cruz María está al pie de la cruz. Ella "estaba de pie": esto indica presencia, continuidad, la fuerza de estar ahí. A diferencia de los discípulos, María nunca dejó a su Hijo Jesús en el camino de la Cruz. Allí, Jesús confía al discípulo amado a su Madre (y viceversa). María afronta este momento con gran dignidad, no escapa a los acontecimientos de la vida, sino que se mantiene en pie.
 
     Un nuevo "Aquí estoy" para María María es invitada por su Hijo a decir un nuevo "Aquí estoy", un nuevo "sí", más convencido y más maduro. A través de su "estar al pie de la cruz", madura su experiencia de fe y maternidad, y esto la hace capaz de ir más allá. Desde el principio, el corazón de María estaba lleno de interrogantes: "Se preguntaba qué podía significar ese saludo" (Lc 1,29). Las preguntas también surgieron en presencia de Simeón: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos" (Lc 2,34-35). María y José "estaban admirados por lo que oían decir del Niño" (Lc 2,33). El "Aquí estoy" de María no es de una vez por todas, sino que crece, madura a través de los acontecimientos de la vida, incluidos los de la Cruz, junto a la que María "está de pie". Aquí, en esta fidelidad lograda, María recibe una nueva misión, una especie de "suplemento" de la maternidad, hasta el punto de convertirse en "Madre de la Iglesia". Madre, porque nos regenera en la gracia para que aprendamos a crecer en la medida de Cristo (Ef 4,7-13).
 
     La vida cristiana anclada en el misterio de la Cruz La fiesta "nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos", explica el decreto sobre la celebración de esta memoria. Así como María supo estar bajo la Cruz, sin huir de la fatiga, de la incomprensión y del sufrimiento, así también María, Madre, sabrá estar al lado de cada uno de los que su Hijo ha hecho sus hijos. Esto nos lleva a invocarla como "Madre de la Iglesia".
 
 

 

 
 

SANTOS DEL DIA:
San Gregorio VII
San Beda el Venerable

 
 

 

San Gregorio VII

     San Gregorio VII es una de las figuras más santamente controvertidas de la Historia. Los católicos verdaderamente fieles ven en él a un batallador incansable en la defensa de los derechos de la Iglesia, eximio reformador de las costumbres del clero y gran santo, de los más extraordinarios Papas de la Historia y un hombre que marcó a fondo su época y los siglos posteriores. Los enemigos de la Iglesia, precisamente por esas virtudes, lo abominan, lo cual es para él una gloria más. Historiadores imparciales, incluso no católicos, prestan homenaje a su gran personalidad y fuerza de voluntad, sobre todo a su deseo sincero de hacerlo todo por la exaltación del Papado, y la consiguiente mayor gloria de Dios.

 

     El niño Hildebrando, futuro Gregorio VII, nació en Toscana en la pequeña localidad de Sovana, no lejos de Siena, en una familia modesta. Su padre fue, según todo indica, carpintero, y nada tuvo que ofrecer a su hijo sino la protección de un tío materno, Lorenzo, que por sus méritos había sido nombrado abad del monasterio de Santa María, en el Monte Aventino. Ese tío se encargó de la educación del niño, de inteligencia privilegiada, que hizo profundos progresos en los estudios. Era él, como San Pablo, bajo de estatura y delgado de cuerpo, pero, como el Apóstol, tenía un alma de fuego. Aún siendo clérigo, habiendo recibido las órdenes menores, entró al servicio de Juan Graciano, que había sido su profesor en la escuela lateranense. Éste, apreciador del extraordinario talento de Hildebrando, afirmaba que nunca había visto inteligencia igual. Cuando fue elevado al solio pontificio con el nombre de Gregorio VI, Juan Graciano lo nombró su secretario. Hildebrando, que tenía apenas 25 años y era aún subdiácono, fue así providencialmente iniciado en los asuntos de la Iglesia, a la cual más tarde gobernaría con tanta sabiduría y fortaleza. En esa época, trabó relaciones con otro de los mayores hombres del tiempo, el cardenal San Pedro Damián.

 

     A pesar de no haber sido aún ordenado sacerdote, era ya un gran predicador. El emperador Enrique III afirmó que ninguna palabra lo había conmovido tanto cuanto la de él. En el año 1045, Gregorio VI fue depuesto por el emperador y desterrado a Colonia. Renunció al papado e Hildebrando lo siguió al exilio. Con la muerte del ex Papa al año siguiente, Hildebrando viajó a Francia, donde visitó la abadía de Cluny, entonces en su apogeo. Encantado con la santidad de San Hugo y de San Odilón, allí tomó el hábito monástico.

 

     Pero no pudo disfrutar por mucho tiempo de su retiro. Bruno, obispo de Toul, habiendo sido elegido Papa con el nombre de León IX, confió a Hildebrando la administración temporal de la Iglesia con el título de arcediano, y también el gobierno del monasterio de San Pablo Extramuros, entonces muy decadente. Le confirió aún el título de cardenal-diácono. Secundado por Hildebrando, el nuevo Papa se lanzó con fervor y determinación a la reforma del clero y el restablecimiento de las leyes de la Iglesia, principalmente de su libertad contra la ingerencia del poder secular. Para poner en ejecución sus decretos, convocó a un sínodo, en el cual condenó los dos males más notorios de la época: la simonía y la incontinencia del clero. En 1054, León IX entregó su alma a Dios. Muchos milagros suyos, en vida y después de la muerte, hicieron que su nombre fuese incluido en el Martirologio Romano. Durante el reinado de los cuatro Papas siguientes, Hildebrando se destacó de tal manera, que “nada se hizo en aquel tiempo en Roma sin el consejo y el asentimiento de Hildebrando; él dominaba, con su vasta capacidad, la corte y las facciones, y todos tributaban respeto y homenaje a su elevado mérito”. 1 Su influencia llegó al apogeo con el Papa Alejandro II (1061-73), que lo nombró su canciller. Ya entonces desempeñaba funciones como las de un primer ministro.

 

ORACIÓN

Oh Papa San Gregorio VII, valeroso defensor de la Iglesia y servidor fiel del Todopoderoso, te elevamos nuestras plegarias. Tú que luchaste incansablemente por la justicia, la moralidad y la pureza de la fe, concédenos la gracia de entender cuán vano es luchar contra el amor y la verdad de Dios.
Ruega por nosotros, para que estemos siempre abiertos a la reforma de nuestras almas, respondamos a la voluntad divina y seamos instrumentos de paz y luz para quienes nos rodean.
 Guíanos con tu espíritu de valentía, liderazgo y determinación para mantener firmes nuestros valores cristianos en todo momento.
Escucha nuestras oraciones y ayúdanos en nuestras necesidades. Confiamos en que, después de escuchar nuestras peticiones en la tierra, un día nos llamarás a estar contigo en el cielo, ante el eterno Sumo Sacerdote, Jesucristo Nuestro Señor. Amén."

 

 

 

ORACIÓN

Te imploro, buen Jesús, que así como en tu misericordia me has permitido beber con deleite las palabras de tu conocimiento, así también, por tu amorosa bondad, me concedas un día ir a ti, fuente de toda sabiduría, y estar para siempre ante tu presencia.Amén."

 

Santa Julia de Córcega

     Yo, Beda, siervo de Cristo y sacerdote del monasterio de los Beatos Apóstoles Pedro y Pablo, que está en Wearmouth y Jarrow... nací en el territorio de dicho monasterio, y a la edad de siete años mis padres me confiaron al cuidado del Reverendísimo Abad Benedicto, y más tarde a Ceolfrid, para ser instruido. Desde ese momento pasé toda mi vida en dicho monasterio". Así escribe el Venerable Beda en 731 en su Historia ecclesiastica gentis Anglorum (una de las mayores obras de la historiografía de la Alta Edad Media). Su nacimiento está fechado entre 672 y 673. Se hizo diácono a los 19 años y fue ordenado sacerdote a los 30 años. Dedicó toda su vida al estudio de la Sagrada Escritura y a la enseñanza "semper aut discere aut docere aut scribere", (siempre aprender o enseñar o escribir), es su único interés y, por eso, sus días están enmarcados en la oración y el canto coral.
 
     Beda debe su grande cultura a la lectura de los libros de las bibliotecas de Wearmouth y Jarrow, por lo que su educación es amplia y articulada y su conocimiento de una vastedad asombrosa. Lee griego y hebreo, se inspira en Cicerón, Virgilio, Lucrecio, Ovidio, Terencio y en particular en los Padres de la Iglesia, especialmente en el estudio de la Biblia. Y así, en sus lecciones, emerge su sabiduría y teología. La didáctica de Beda es una didáctica interdisciplinaria, que explica los Textos Sagrados también a través de autores de la antigüedad pagana y a través del conocimiento científico de su tiempo. Como fruto de su erudición tenemos innumerables escritos teológicos, históricos y científicos, pero también trabajos académicos y pedagógicos. Beda murió el 26 de mayo de 735 en Jarrow donde fue sepultado. En 1022 sus restos fueron trasladados a la catedral de Darham a instancias de Eduardo el Confesor, el penúltimo rey de los anglosajones y rey de Inglaterra. El epíteto "Venerable", con el que Beda era llamado ya en vida gracias a su reputación de santidad y sabiduría, se difundió muy pronto, tanto que el Concilio de Aquisgrán lo describió como "venerabilis et modernis temporibus doctor admirabilis Beda" (el Venerable y maravilloso doctor de nuestro tiempo Beda). El 13 de noviembre de 1899 León XIII lo declaró Doctor de la Iglesia.
 
     Beda es el autor del primer martirologio histórico; escribió manuales; para los monjes copistas, escribió el Liber de loquela per gestum digitorum que enseña a contar con los dedos; compuso poemas y versos. Sin embargo, se interesó sobre todo por la historia y comentó e interpretó en particular la Sagrada Escritura ("La Sagrada Escritura es la fuente constante de la reflexión teológica de Beda", precisó Benedicto XVI en la catequesis de la audiencia general del 18 de febrero de 2009 dedicada al monje inglés). Por sus comentarios, tratados y colecciones de homilías, se le considera el mayor exégeta de la Iglesia occidental a partir del final de la era patrística. Su versión de la Biblia fue usada por la Iglesia hasta 1966. Muy conocida es su Historia Eclesiástica de los pueblos anglicanos: unas 400 páginas recogidas en 5 libros, con la narración política y eclesiástica de la historia de Inglaterra desde la época de César hasta sus días.
 
     Considerando el nacimiento de Cristo como el centro de la historia, Beda fue el primero en contar los años "antes de Cristo" y "después de Cristo". "El cómputo que elaboró científicamente para establecer la fecha exacta de la celebración de la Pascua, y por lo tanto todo el ciclo del año litúrgico, se ha convertido en el texto de referencia para toda la Iglesia Católica" (Benedicto XVI, Audiencia General del 18 de febrero de 2009). Beda inventó también las anotaciones y las notas a pie de página. Finalmente hay que recordar que el lema del Papa Francisco "Miserando atque eligendo", reproducido en el escudo pontificio, está tomado de la Homilía 21 de Beda sobre el episodio evangélico de la vocación de San Mateo: "Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me" escribe Beda (Jesús vio un publicano y mirándolo con un sentimiento de amor, lo eligió y le dijo: Sígueme).