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ADVOCACIÓN MARIANA: |
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Nuestra Señora de la Paz |
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ORACIÓN
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Venimos hasta ti
para rogarte por la
paz. La Paz que el
mundo busca sin
encontrar. La Paz
que tu Hijo
Jesucristo vino a
traernos. La Paz
cuya única fuente
verdadera es Cristo
Jesús. Rogamos que
intercedas por
nosotros para que
nos abramos a la paz
que viene de Dios.
La paz que es fruto
de la justicia; que
tiene como alma el
amor a Dios y al
prójimo. Paz que
exige que el hombre
renuncie a la
envidia y a la
ambición, al orgullo
y al egoísmo.
Acudimos a ti para
que esa paz que Dios
nos ofrece en Jesús,
la recibamos, la
conservamos y la
llevemos al mundo.
Ayúdanos para que
seamos artífices de
la Paz. Que tu
maternal auxilio nos
haga valientes,
pacientes y eficaces
para comprometernos
a trabajar por la
justicia, fundamento
de la paz que todos
necesitamos.
Nuestra Señora de la
Paz, ruega por
nosotros. |
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El 18 de diciembre
del año 645, pasada
la medianoche,
terminado el IX
Concilio de Toledo,
su arzobispo
Ildefonso (luego
declarado santo),
ferviente devoto de
la Virgen María, en
compañía de algunos
colaboradores, se
dirigió a la
Catedral para cantar
los maitines
(oraciones que se
realizaban hacia las
3 de la noche). Al
entrar, se produjo
en el altar un
resplandor fuerte e
irresistible a los
ojos corporales. Los
acompañantes del
arzobispo huyeron
asustados, pero él
avanzó resueltamente
y vio a la Santísima
Virgen, que había
descendido del cielo
y estaba sentada en
su cátedra
episcopal. La Madre
de Dios habló con
dulces palabras a su
fiel servidor y
promotor de la fe en
su inmaculada
concepción, le
entregó una casulla,
que se conserva
allí, y después
desapareció. Por
este particular
beneficio, a su
muerte ocurrida el
23 de enero de 667,
la Iglesia de Toledo
decretó que el 24 de
enero se celebrase
solemnemente en todo
el arzobispado, el
memorable descenso
de la Virgen María a
la Iglesia Catedral. |
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Sin embargo, el
nombre y la
advocación de
Nuestra Señora de la
Paz le es dado a
fines del siglo XI,
a raíz de un
singular
acontecimiento
histórico. En
efecto, en el año
1085, Alfonso VI,
llamado el Bravo,
rey de Asturias y
León (España),
reconquistó la
ciudad de Toledo
tomada por los moros
(musulmanes). Una de
las condiciones
estipuladas en el
Tratado de Paz, fue
que el Templo
principal de la
ciudad quedase para
los moriscos (moros
que permanecieron en
España después de la
Reconquista) como
mezquita (lugar de
culto y oración de
los moros). El rey
Alfonso firmó el
Tratado y enseguida
se ausentó de
Toledo, dejando a su
esposa, la reina
Constanza, como
gobernadora de la
plaza. Pero los
cristianos
consideraron cosa
indigna que, si
nuevamente eran
dueños de la ciudad,
no lo fuesen de la
Iglesia
Metropolitana
consagrada a la
Santísima Virgen. En
consecuencia, fueron
a presentar sus
quejas ante el
arzobispo Rodrigo y
ante la reina
Constanza, quienes
compartieron su
horror de que la
Catedral sirviese
para los cultos a
Mahoma (máximo
profeta de los
musulmanes) y
apoyaron sus
peticiones.
Alentados por
aquella tácita
autorización, los
cristianos trataron
de apoderarse de la
Catedral con gente
armada, sin tener en
cuenta el compromiso
del rey ni el
peligro a que se
exponían en aquella
ciudad donde era
mayor el número de
infieles. |
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Los moros, ante el
ataque, tomaron las
armas y, juzgando
que el rey
quebrantaba el
Tratado, se lanzaron
contra los
cristianos para
vengar la injuria.
El combate se
entabló frente a la
Catedral y no cesó
hasta que la reina y
el arzobispo se
presentaron en el
campo de batalla
para aclarar que el
ataque se había
lanzado sin saberlo
el rey. Enseguida,
los moros enviaron
embajadores al rey
para denunciar el
atentado, y Alfonso
volvió rápidamente a
Toledo, con el firme
propósito de hacer
un escarmiento a la
reina, el arzobispo
y los cristianos por
haber quebrantado su
real palabra. |
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Cuando los
cristianos de la
ciudad tuvieron
noticia del enojo
del rey, salieron a
su encuentro en
procesión,
encabezada por el
arzobispo, la reina
y su hija única.
Pero ni las súplicas
de aquellos
personajes, ni los
ruegos del pueblo
para que los
perdonase, atento al
motivo que los animó
al ataque y que no
era otro que el de
tributar culto al
verdadero Dios en la
gran iglesia de
Toledo, consiguieron
que el monarca
accediese a faltar a
su honor y a la
palabra que había
empeñado. Don
Alfonso anunció a
los solicitantes que
la Catedral quedaría
en poder de los
infieles, como lo
había prometido.
Pero en ese momento
se produjo un
acontecimiento
extraordinario, que
todos tomaron como
una señal de que
Dios había escuchado
sus plegarias. Los
moros consideraron
el peligro a que se
exponían si
mantenían el culto a
Mahoma en la Iglesia
principal de aquella
ciudad cristiana y
enviaron al
encuentro del rey
una comitiva de sus
jefes. Los
embajadores salieron
de Toledo y,
postrados ante Don
Alfonso, le
suplica-ron que
perdonase a los
cristianos y
prometieron
devolverle la
Catedral. |
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Grande fue el
regocijo del rey y
el de su pueblo, que
vieron en aquella
solución inesperada
una obra de la
Divina Providencia.
El monarca ordenó,
con el beneplácito
del arzobispo y de
todos los fieles
que, al día
siguiente, justo un
24 de enero, se
tomase posesión de
la Catedral y se
hiciesen
festividades
especiales en honor
de la Virgen María
de la Iglesia
Metropolitana, a la
que, por haber
restablecido la paz
en la fecha de su
fiesta, se la
veneraría en
adelante con el
nombre de Nuestra
Señora de la Paz. Y
desde aquel 24 de
enero de 1085 hasta
hoy, se realizan en
Toledo magníficas
celebraciones y
espléndidas
procesiones en su
honor. |
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Por su íntima y
estrecha relación y
cooperación con el
Hijo, “Príncipe de
la Paz” (Is. 9,6),
en la reconciliación
o “paz” entre Dios y
los hombres, que Él
realizó, María ha
sido venerada cada
día más como “Reina
de la Paz”. En
efecto: En el
misterio de la
Encarnación, la
humilde esclava del
Señor, al recibir el
anuncio del ángel
Gabriel, concibió en
su seno virginal al
Príncipe de la Paz (cf.
Lc. 1,26-38), el
cual nos devolvió la
paz, reconciliando
consigo el cielo y
la tierra. En el
misterio de la
Pasión, María es la
Madre fiel que se
mantuvo intrépida,
en pie, junto a la
cruz donde el Hijo,
para salvarnos,
pacificó con su
sangre el universo.
En el misterio de
Pentecostés, la
santísima Virgen es
la alumna de la paz
que, orando con los
Apóstoles, esperó el
Espíritu de la paz,
de la unidad, de la
caridad y del gozo.
Al celebrar la
fiesta de Nuestra
Señora de la Paz, la
asamblea de los
fieles pide a Dios
que, por su
intercesión, conceda
a la Iglesia y a la
familia humana: El
Espíritu de caridad
para permanecer
unida en el amor
fraterno; Los dones
de la unidad y de la
paz para formar
todos una sola
familia en la paz,
cultivando
eficazmente entre
nosotros la paz que
Cristo nos dio; La
tranquilidad en
nuestro tiempo para
vivir en paz. |
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De Toledo se
extendió su devoción
a toda España y
otras ciudades de
Europa. Desde el
siglo XII en el
templo de San
Nicolás en Bruselas
(Bélgica), se venera
una imagen de la
“Reina de la Paz”.
En el templo de las
religiosas del
Sagrado Corazón de
Picpus en París, se
venera otra imagen
con mismo título y
maravillosa
historia,
originariamente
pertenencia de la
familia de los
Príncipes de Joyeuse.
El Papa Sixto IV
(1471-1484) hizo
erigir en el centro
de Roma un templo a
“Santa María de la
Paz”, cumpliendo el
voto por la paz
entre los estados de
la península. En
América, todas las
naciones
evangelizadas por
España, profesaron
una veneración
especial a Nuestra
Señora de la Paz,
que tiene un
santuario en cada
una de las grandes
ciudades
latinoamericanas y
es la patrona
principal de El
Salvador. En el
siglo XVII, también
en Francia, se
estableció esta
fiesta para ser
celebrada el 9 de
julio, con motivo
del cese de la
“Guerra de los
treinta años”. El
Papa Benedicto XV
(1914-1922), víctima
de la Primera Guerra
Mundial (1914-1918),
favoreció esta
devoción y el 5 de
mayo de 1917,
prescribió para toda
la Iglesia incluir
en las Letanías del
Rosario la
invocación “Reina de
la Paz”. En
Argentina, en la
Catedral de Buenos
Aires se venera una
imagen traída de
Perú en 1750; a ella
se recurrió en los
momentos históricos
difíciles de nuestra
patria. |
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En 1859, los
problemas de
partidismo y
enfrentamientos
civiles, llevaban al
país a la ruina. En
Lomas de Zamora, se
tenía el proyecto de
construir el templo.
Atendiendo a la
situación del país y
buscando un
intermediario en el
cielo para alcanzar
la anhelada paz, se
decidió dedicarlo a
Nuestra Señora de la
Paz. Las reseñas
históricas de
entonces relatan:
“Todas las almas
nobles, que veían a
la patria
constantemente
flagelada, cansadas
de tantas
contrariedades y
vicisitudes,
clamaban al cielo, y
al tratar de
levantar el templo,
buscando en el cielo
una intermediaria
para con la Divina
Providencia,
pensaron dedicarlo a
la Madre del
Salvador pidiéndole
se acordara de
nuestra patria,
despedazada por las
guerras civiles y
alcanzara del Señor
un bien tan
necesario para el
bienestar y
prosperidad de todos
cual era la paz”.
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La imagen fue
encargada a un
escultor de
Barcelona, quien la
talló tomando por
modelo un cuadro de
R. Sanzio, de Urbino
y fue donada por
Juana Z. de Grigera.
El 16 de octubre de
1860 se bendijo la
piedra fundamental
del templo y se
designó padrino al
general B. Mitre
quien, el domingo 15
de diciembre
siguiente, participó
de la bendición del
recinto del nuevo
templo y terminó sus
palabras de
agradecimiento
pidiendo a “la Madre
del Todopoderoso,
derrame a manos
llenas sus más
preciados dones
sobre la patria”. Al
clamor de todo el
país, a la
aspiración unánime
de todas las almas,
a esa ofrenda del
templo a la reina de
la paz, a esa
confianza
deposita-da en ella,
a esa invocación de
Mitre, correspondió
la Santísima Virgen,
alcanzando del Padre
celestial, que los
destellos y fulgores
que se desprendieron
al chocar las armas
en Pavón, iluminaran
nuevos y pacíficos
senderos en nuestra
vida institucional.
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El 22 de enero de
1865 se inauguró la
primera parte del
templo y se
entronizó la imagen
de Nuestra Señora de
la Paz. En este
templo se celebró en
1933 la 1º Jornada
Eucarística
Internacional en
preparación al
Congreso Eucarístico
Internacional y, en
esa ocasión, la
delegación paraguaya
invitó a las demás a
implorar a la Virgen
la terminación de la
guerra del Chaco. La
gracia fue concedida
y paraguayos y
bolivianos volvieron
a dar gracias. Desde
1957, por una Bula
del Papa Pío XII
este templo es la
Catedral de la
Diócesis de Lomas de
Zamora y Nuestra
Señora de la Paz, su
patrona. Bajo este
patronazgo hay
Parroquias en la
Arquidiócesis de
Buenos Aires y de
Paraná (ciudad de La
Paz) y en las
Diócesis de Quilmes
y de Morón. En la
provincia de Santa
Fe, el único Templo
en su honor está en
Santo Tomé
(Arquidiócesis de
Santa Fe de la Vera
Cruz). La devoción
comenzó en 1976,
cuando el P.
Severino Silvestri y
varios vecinos
promovieron la
construcción de la
Capilla Nuestra
Señora de la Paz,
elevada, en 1987, a
Cuasi Parroquia. |
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El 9 de enero de
1998, mediante la
reorganización de
las jurisdicciones
parroquiales
dispuesta por el
Arzobispo en acuerdo
con los sacerdotes
del Decanato, fue
creada Parroquia,
reuniendo las
comunidades de la
Capilla Santa María
Misionera y de los
Centros de
Evangelización María
Auxiliadora y San
Francisco de Asís y
de, hasta ese
momento, la Capilla
San Ignacio de
Loyola y el Centro
de Evangelización
San José. Comienza
una nueva etapa con
dos claros
objetivos: edificar
la Comunidad
Parroquial y
construir su nueva
Sede y las
dependencias
necesarias en el
predio comprado para
ello en 1996,
quedando la primera
Capilla como
Oratorio de la
Escuela Parroquial
nº 1412 “Nuestra
Señora de la Paz”
surgida el 14 de
septiembre de 1990. |
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EN TRUJILLO, VENEZUELA HAY UN
MONUMENTO DEDICADO A LA VIRGEN DE LA PAZ |
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El Monumento a la Paz (también llamado
popularmente Virgen de la Paz) es una
escultura colosal conmemorativa a la
paz, realizada en concreto, localizada a
11 km al suroeste de la ciudad de
Trujillo, en Venezuela.4 Con 46,72
metros de altura, 16 metros de frente y
18 de lado en la base y unas 1200
toneladas, es la estatua más grande de
América,5 siendo más alta que la
estatua del Cristo Redentor de Río de
Janeiro en Brasil y la Estatua de La
Libertad en Estados Unidos (sin su
base). También es la estatua dedicada a
la paz más alta del mundo. El
monumento se encuentra a una altitud de
1640 m s. n. m.,6 en la llamada Peña de
la Virgen—donde se dice que apareció la
virgen en el año 1570—, por lo que con
la altura de la obra misma, junto a la
de su enclave de montañas y vegetación
tropical, proporcionan una espectacular
vista panorámica de la región.7 Fue
inaugurada el 21 de diciembre de 1983
por el entonces presidente de Venezuela
Luis Herrera Campíns, obra diseñada por
el escultor Manuel de la Fuente
Andrés.89 Consta de cinco miradores,
desde donde se puede observar, en un día
claro, casi la totalidad del Estado
Trujillo, parte de la Sierra Nevada de
Mérida y de la Costa Sur del Lago de
Maracaibo.Desde 1568 la virgen de
Nuestra Señora de la Paz es la patrona
espiritual de Trujillo y es patrona
asimismo de la diócesis a partir de
1960.4 La paloma sostenida en su mano
derecha simboliza el encargo de la
presidencia de la República de
Venezuela, de clamar por la paz de la
tierra.11 El Monumento a la Paz, fue
administrado durante años por una
fundación privada, después de lo cual
pasó a ser dirigido por la Gobernación
del estado Trujillo. Muy a pesar de su
colosal tamaño y la importancia de su
simbología conmemorativa de la patrona
del estado, el Monumento a la Paz es uno
de los puntos del turismo contemporáneo
menos visitados en Trujillo y el país.
En Semana Santa de 2010 el gobierno de
Trujillo reportó 11 000 visitantes al
monumento a la Paz, mientras que el
santuario de José Gregorio Hernández en
el municipio Rafael Rangel, recibió
cerca de 80 000 visitas y el tradicional
vía crucis en la población de Tostós,
fue visitado por un aproximado de 57 000
turistas. |
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SANTOS DEL DIA: |
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San Eugenio de Mazenod |
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obispo de Marsiglia, fundador de los Oblatos de
María Inmaculada |
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Santos Cristóbal Magallanes |
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Compañeros, mártires en México |
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San Eugenio de Mazenod |
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Carlos José
Eugenio de
Mazenod nació en
Aix-en-Provence,
Francia, el 1 de
agosto de 1782.
Su padre ocupaba
un importante
cargo político
por lo que la
familia gozaba
de una posición
acomodada. El
pequeño Eugenio
poseía un
temperamento
autoritario e
irascible; pero
también una gran
nobleza de
corazón: en una
ocasión, movido
por la
compasión,
cambió sus ropas
con las de un
niño carbonero.
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En la primavera
de 1794, la
familia tuvo que
abandonar el
país por razones
políticas
estableciéndose
en Venecia.
Eugenio, siendo
extranjero, no
tenía amigos ni
acudía a la
escuela. Un
sacerdote, el P.
Bartolo Zaneli,
lo tomó bajo su
cuidado de modo
informal.
Gracias a esta
amistad, Eugenio
comenzó a
sentirse atraído
por el
sacerdocio.
Posteriormente,
siempre por
razones
políticas, los
Mazenod se
trasladaron a
Sicilia para
volver más tarde
a Francia.
Durante este
período, Eugenio
llevó una
intensa vida
social, cuya
frivolidad y
superficialidad
le aburría y
hastiaba. Así,
insatisfecho y
deseoso de un
sentido más
profundo para su
existencia, el
12 de octubre de
1808 llamó a las
puertas del
seminario de san
Sulpicio. Debido
a su madurez y
celo por las
almas, los
superiores del
seminario lo
promovieron tres
años más tarde a
las sagradas
órdenes. |
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En octubre de
1812 comenzó su
ministerio
sacerdotal en la
región de
Provenza,
dedicándose
especialmente a
los pobres.
Queriendo
remediar el
empobrecimiento
espiritual de
éstos a causa de
la reciente
revolución
laicizante,
fundó en Aix una
asociación de
sacerdotes
seculares. Sus
miembros
recorrían la
Provenza
predicando en
provenzal y de
modo sencillo,
buscando sobre
todo la
instrucción del
pueblo en la
doctrina
cristiana. La
asociación
pronto se
convirtió en la
congregación de
los Oblatos de
María
Inmaculada. |
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El Carisma
Oblato “Me ha
enviado a
evangelizar a
los pobres, los
pobres son
evangelizados”
Son las palabras
que encontramos
escritas en el
escudo oblato.
San Eugenio de
Mazenod, tras
haber
experimentado el
Amor de Cristo
Salvador en la
Cruz, se sintió
llamado a una
vocación
singular y así
lo transmitió a
sus primeros
compañeros,
“llamados a ser
los cooperadores
de Cristo
Salvador”. En
tan pocas
palabras se
encuentra
recogido lo
central del
carisma. León
XII la aprobó, a
pesar de la
oposición de
algunos obispos
franceses,
diciendo: “Me
agrada esta
sociedad; sé el
bien que hace y
quiero
favorecerla”.
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Obispo de
Marzella
La misión del P.
Mazenod como
fundador hasta
cierto punto
había terminado,
pero aún le
esperaba un
nuevo encargo:
la diócesis de
Marsella. El P.
Eugenio, o
mejor, Mons.
Eugenio Mazenod
tomó posesión el
24 de diciembre
de 1837. Todo el
espíritu de la
congregación por
él fundada se
derramó sobre
Marsella. En su
deseo de estar
cerca del
pueblo, todos
los días recibía
a las personas
desde las 10:00
de la mañana
hasta las 2:00
de la tarde, sin
necesidad de
cita. Realizaba
frecuentes
visitas
pastorales y
pidió a sus
sacerdotes que
predicaran de
forma sencilla
explicando el
credo, la santa
misa y el
evangelio. Luchó
incansablemente
por la libertad
de enseñanza
hasta lograr,
con la
promulgación de
la ley Falloux,
el derecho a la
clase de
religión. Creó
22 nuevas
parroquias,
edificó
numerosas
iglesias —entre
ellas la misma
catedral— y se
establecieron 31
congregaciones
religiosas en su
diócesis. A
pesar de su
intensa
actividad
apostólica y de
los sacrificios
que ésta imponía
a su cuerpo,
pudo gozar de
una larga vida.
El obispo que
predicaba en
provenzal y
había hecho de
los pobres sus
hijos
predilectos,
partió para el
abrazo con el
Padre el 21 de
mayo de 1861, a
la edad de 79
años. |
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Dios y Padre
nuestro, te
damos
gracias por
haber
llamado a
San Eugenio
de Mazenod
para seguir
a Cristo el
Salvador y
Evangelizador.
Apasionado
por tu hijo
Jesús
y
compartiendo
su compasión
por la
humanidad
Eugenio se
puso
incondicionalmente
al servicio
de tu
Iglesia para
la
evangelización
de los más
necesitados
Por su
intercesión,
ayúdanos a
alcanzar,
con el toque
sanador de
Cristo que
nos llama,
una vida
misionera y
santa. Que
podamos
construir
comunidades
signo de tu
presencia
y compartan
la Buena
Nueva
de salvación
con todos
los pueblos.
Por esto nos
ofrecemos,
por Cristo
nuestro
señor Amén.
Padre
nuestro –
Ave María –
Gloria
San Eugenio
de Mazenod,
comparte con
nosotros tu
amor por
Cristo
San Eugenio
de Mazenod,
ayúdanos a
mantenernos
firmes en la
bondad
San Eugenio
de Mazenod,
permanece a
nuestro lado
en medio de
nuestros
esfuerzos
San Eugenio
de Mazenod,
ruega por
nosotros. |
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Oh Dios, que
concediste
al Santo
Mártir
Cristóbal
Magallanes
una vida
apostólica y
una gloriosa
muerte y
permitiste
que
ofreciera
el
sacrificio
de su vida
por la unión
de los
mexicanos,
concédenos
Señor ese
espíritu de
unión y paz
que él tanto
anhelaba y
la gracia
que te
estamos
pidiendo
por su
intercesión.
Por
Jesucristo
nuestro
Señor. Amén. |
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San Cristóbal Magallanes |
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Nació en
Totalice el 30
de julio de
1869. Se crió en
el seno de una
familia muy
humilde y hasta
los 19 años
trabajó en el
campo. En 1888
ingresó al
seminario de
Guadalajara
donde se
distinguió por
su piedad,
honradez y
aplicación. |
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Fue ordenado
sacerdote en
setiembre de
1899 en la
iglesia de Santa
Teresa en
Guadalajara.
Desempeñó el
cargo de
capellán y
subdirector de
la escuela de
artes y oficios
en Guadalajara.
Fue párroco de
Totalice por 17
años hasta que
fue fusilado.
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Organizó centros
de catecismo y
escuelas en las
rancherías,
construyó una
presa para
favorecer el
riego, fundó un
asilo para
huérfanos, y
pequeños
fraccionamientos
de tierra para
ayudar a los
pobres. |
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El 21 de mayo de
1927 el padre
iba a celebrar
una fiesta
religiosa en un
rancho cuando se
inició una
balacera entre
los cristeros y
las fuerzas
federales
comandadas por
el general Goñi.
Fue arrestado y
conducido a
Totalice donde
lo encarcelaron
junto a su
vicario el P.
Caloca. |
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Luego los
trasladaron al
palacio
municipal de
Colotitlán,
donde los
fusilaron el 25
de mayo de 1927.
El P. Cristóbal
antes de ser
fusilado dijo:
"soy y muero
inocente;
perdono de
corazón a los
autores de mi
muerte y pido a
Dios que mi
sangre sirva
para la paz de
los mexicanos
desunidos". Fue
beatificado en
22 de noviembre
de 1992 y
canonizado por
el Papa Juan
Pablo II el 21
de mayo del
2000. |
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