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ORACIÓN
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uerida Madre, Reina
y Victoriosa Tres
Veces Admirable de
Schoenstatt; vengo a
Ti con ilimitada
confianza a implorar
tu ayuda para
obtener de Dios lo
que humildemente
pido: Tu Hijo Divino
te entregó a mí como
madre. Sus palabras
"He ahí a tu Madre"
me las dijo también
a mí, y a ti te
dijo: "He ahí a tu
hijo".
¡Aquí estoy,
arrodillado a tus
pies!
¡Qué consuelo
tenerte como Madre!
Por lo tanto acudo a
Ti en mi angustia.
Recurro a Ti, Madre,
Reina y Victoriosa
Tres Veces Admirable
de Schoenstatt,
sabiendo que todos
tus hijos que han
acudido a Ti han
recibido tu
protección y ayuda.
Tú misma has llevado
a cuesta grandes
penas. Como Madre
dolorosa
permaneciste al pie
de la cruz. Ahora
que vengo a Ti con
mi dolor,
¿despreciarás esta
humilde y angustiosa
súplica? ¡No, nunca!
Tú eres la salud de
los enfermos, el
consuelo de los
afligidos, el
auxilio de los
cristianos. Me llena
de consuelo
especial, el hecho
de que Tú eres
Madre, Reina y
Victoriosa Tres
Veces.
Admirable de
Schoenstatt, un
título de honor que
quiere decir
simplemente que eres
maravillosa en todo
momento y lugar.
Obtén para mí, de tu
Hijo Divino, la
respuesta a mi
plegaria… (dila aquí
en silencio) y yo
repetiré tu
Magnificat y
pregonaré la
misericordia de
Nuestro Señor por
toda la eternidad.
Amén. |
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Schoenstatt, un
lugar de
peregrinación Mucha
gente se pregunta si
allí se apareció la
Virgen, como suele
ocurrir en otros
lugares santos, por
ejemplo, Lourdes o
Fátima. No, en
Schoenstatt no hubo
ninguna aparición de
la Madre de Dios.
Pero ella,
ciertamente, se ha
manifestado desde
ese pequeño lugar;
allí ha tomado una
iniciativa divina, a
través de un
instrumento
sacerdotal, el Padre
Kentenich. "Todos
los que acudan acá
para orar" -decía en
la plática del 18 de
octubre de 1914-
deben experimentar
la gloria de María.
Allí donde la Virgen
María se hace
presente, surge la
vida. Allí donde
ella se encuentra,
hallamos la paz.
Allí donde ella se
ha vinculado,
derrama en
abundancia sus
tesoros, sus
gracias. Siempre en
favor de los
hombres, sus hijos.
Y, como toda buena
madre lo hace,
preocupándose de
manera particular de
aquellos que más
sufren, de los más
necesitados, de los
más débiles. Es
justo que una madre,
es justo que María
obre así.
Schoenstatt, un
lugar de
peregrinación para
hoy Hay muchos y
diversos Santuarios
marianos en el
mundo. Múltiples son
las gracias que
María concede desde
cada lugar. ¿Por qué
habrá querido
manifestarse también
en Schoenstatt? Para
responder a esta
pregunta, nada mejor
que recurrir al
testimonio de su
instrumento
principal, el Padre
Kentenich, y a la
historia vivida a
partir de su
fundación. Con aguda
percepción de los
problemas de su
época, y con
profunda intuición
ante el futuro, el
Padre Kentenich
detectó que
estábamos ante un
cambio radical en el
mundo. Y, en el
centro de la
problemática,
contemplaba al
hombre. Veía un
creciente proceso de
masificación,
detectaba el peligro
de su desarraigo de
valores, personas y
tradiciones.
Percibía el
creciente fenómeno
del ateísmo, ya en
desarrollo. Captaba
que tiempos nuevos
requerían un nuevo
tipo de hombre.
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La Virgen María
debía ser su Madre,
dar nuevamente a luz
a Cristo en el
corazón de los
hombres. En
Schoenstatt y desde
Schoenstatt, quería
sobre todo
manifestarse, como
Educadora de ese
"hombre nuevo" y de
esa "nueva
comunidad". Ha
surgido un
Movimiento de
renovación
espiritual desde
este Santuario
Debemos preguntar
también a la
historia, a lo
ocurrido a partir de
aquel 18 de octubre
de 1914. Los hechos
hablan de un
lenguaje elocuente.
Miles, millares de
personas han
encontrado en
Schoenstatt un hogar
espiritual. Han
recibido allí
gracias especiales.
Desde esa pequeña
capillita en el
valle ha surgido un
fuerte movimiento de
renovación
espiritual, una gran
ola religiosa, que,
haciéndose cada vez
más grande a medida
que avanza, va en
busca de "nuevas
playas" del futuro.
Un movimiento que
busca la
transformación del
hombre en Cristo, a
través de una
alianza de amor con
María. Una corriente
de entrega heroica y
de santidad (esta
era una exigencia
del plan original:
"Aceleración del
desarrollo de
nuestra propia
santificación y, de
esta manera,
transformación de
nuestra Capillita en
un lugar de
peregrinación").
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Han surgido seis
Institutos
Seculares,
comunidades de
dirigentes
católicos,
comunidades
contemplativas, un
vasto movimiento
laical, un
movimiento popular y
de peregrinos. Donde
está la Virgen
María, allí está
presente el Señor,
allí actúa su
Espíritu. Nunca
podremos comprender
o valorar plenamente
las maravillas que
obra el Señor. Es
suficiente percibir
su cercanía para
experimentar un
profundo asombro. Y
sentir nacer en
nosotros la
gratitud. Así lo
expresaba el Padre
Kentenich, en forma
de oración: Gracias
Padre, porque
elegiste a
Schoenstatt y porque
allí Cristo nace de
nuevo. Gracias
porque desde allí
quieres irradiar al
mundo las glorias de
nuestra Madre,
inundando los
corazones fríos con
torrentes de amor.
El acontecimiento
fundacional del 18
de octubre de 1914
en el Santuario
original Si quieres
comprender algo en
profundidad, debes
preguntar por sus
raíces. Si queremos
captar qué es
Schoenstatt, debemos
indagar el hecho
constitutivo a
partir del cual se
ha desarrollado. Y
esto nos lleva a un
lugar -Schoenstatt-
en el valle de
Vallendar (Alemania)
y a una fecha, el 18
de octubre de 1914.
Ese día en la
antigua capillita de
San Miguel, recién
inaugurada, el Padre
Kentenich sellaba
una alianza de amor
con la Sma. Virgen.
La plática que diera
en esa oportunidad a
los jóvenes
seminaristas, fue
reconocida por él
mismo, años más
tarde, como el
documento de
fundación del
Movimiento de
Schoenstatt. Y su
testimonio es
decisivo. Al
comparar la historia
del Santuario de
Schoenstatt con la
de otros lugares en
los cuales también
se ha manifestado la
Virgen María,
constatamos algo
común a todos: Dios
busca siempre
instrumentos humanos
a través de los
cuales se acerca a
los hombres. |
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En octubre de 1914
la Madre de Dios
toma una nueva
iniciativa en
Schoenstatt,
Alemania, y ahora el
instrumento humano
es un joven
sacerdote de 29
años, el Padre José
Kentenich. Aquel 18
de octubre, el Padre
Kentenich comunica a
sus interlocutores
"una secreta idea
predilecta", un
"pensamiento audaz",
algo que venía
rumiando hacía
cierto tiempo:
"¿Acaso no sería
posible que la
Capillita de nuestra
Congregación al
mismo tiempo llegue
a ser nuestro Tabor,
donde se manifieste
la gloria de
María?". Tres meses
antes, el 18 de
julio, había llegado
a sus manos un
artículo escrito por
el Padre Cipriano
Fröhlich, narrando
la historia del
Santuario de Pompeya
(Italia). Había
surgido, no como en
otros lugares, por
una aparición de la
Virgen María. Dios
eligió allí un
instrumento humano
para realizar sus
planes: un abogado,
Bartolo Longo
(recientemente
beatificado por Su
Santidad Juan Pablo
II). El paralelo era
sugerente. Lo que
había acontecido en
Pompeya ¿no podría
repetirse en
Schoenstatt? Su
propuesta fue
realmente audaz.
Pero -les decía a
los jóvenes
seminaristas-
"¡cuántas veces en
la historia del
mundo ha sido lo
pequeño e
insignificante el
origen de lo grande!
¿Por qué no podría
suceder también lo
mismo con
nosotros?". La
historia de
Schoenstatt, desde
aquel día -un día
como todos los
demás, pero al mismo
tiempo, un día
diferente-,
comprueba que
aquellos anhelos se
transformaron en
hechos. El pequeño
Santuario de
Schoenstatt, se ha
multiplicado a lo
largo y a lo ancho
del mundo, a través
de los Santuarios
"filiales" (el
primero fue erigido
en Nueva
Helvecia/Uruguay).
La presencia de
María y la
manifestación de sus
glorias se ha
multiplicado a
través de los
numerosos santuarios
del hogar en las
familias. En todos
estos lugares, María
quiere manifestarse
como Madre y
Educadora, obrando
grandes cosas. Pero
en todos requiere
también, según leyes
permanentes a la
historia de
salvación, la
cooperación humana.
Así lo expresa el
lema: "Madre, nada
sin ti; nada sin
nosotros". P.
Esteban Uriburu
Pasar el umbral Hay
muchas maneras de
acercarse a
Schoenstatt. Como el
Santuario es el eje
de todo lo que
significa
Schoenstatt, la
manera más adecuada
de acercarse a la
parte esencial de
Schoenstatt, es la
del peregrinar. En
el fondo, como
cristianos, todos
somos peregrinos,
buscando el camino
hacia el Padre,
hacia el cielo. En
nuestro peregrinar
terreno, Dios nos
abre, puertas del
cielo, donde se
siente que el cielo
toca la tierra. Al
pasar el umbral del
Santuario de
Schoenstatt como
lugar santo, en la
actitud del
peregrino, se puede
acercarse lo más
profundamente a lo
que es Schoenstatt. |
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