REGINA RORYS ORA PRO NOBYS - NON NOBIS DOMINE SED NOMINI TUO DA GLORIAM - STAT CRUZ DUM VOLVITUR ORBIS - CRUX SANCTI ATRIS BENEDICTI - CRUX SACRA SIT MIHI MUX - NON DRACO SIT MIHI DUX - PAX

 


Mes dedicado a María Santísima del Rocío: Purísima e Inmaculada Madre de Dios, Madre Nuestra; Auxiliadora de los cristianos consuelo de los afligidos Blanca Paloma. ¡OH María sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a ti!  REGINA RORYS, ORA PRO NOBIS


 
 

 

 

 

MIÉRCOLES 20 DE MAYO

 
 

 

 
 
 

ADVOCACIÓN MARIANA:

Nuestra Señora  de Shoenstatt

 
 
 

 

ORACIÓN

uerida Madre, Reina y Victoriosa Tres Veces Admirable de Schoenstatt; vengo a Ti con ilimitada confianza a implorar tu ayuda para obtener de Dios lo que humildemente pido: Tu Hijo Divino te entregó a mí como madre. Sus palabras "He ahí a tu Madre" me las dijo también a mí, y a ti te dijo: "He ahí a tu hijo".

¡Aquí estoy, arrodillado a tus pies!

¡Qué consuelo tenerte como Madre!

Por lo tanto acudo a Ti en mi angustia. Recurro a Ti, Madre, Reina y Victoriosa Tres Veces Admirable de Schoenstatt, sabiendo que todos tus hijos que han acudido a Ti han recibido tu protección y ayuda.

Tú misma has llevado a cuesta grandes penas. Como Madre dolorosa permaneciste al pie de la cruz. Ahora que vengo a Ti con mi dolor, ¿despreciarás esta humilde y angustiosa súplica? ¡No, nunca!

Tú eres la salud de los enfermos, el consuelo de los afligidos, el auxilio de los cristianos. Me llena de consuelo especial, el hecho de que Tú eres Madre, Reina y Victoriosa Tres Veces.

Admirable de Schoenstatt, un título de honor que quiere decir simplemente que eres maravillosa en todo momento y lugar.

Obtén para mí, de tu Hijo Divino, la respuesta a mi plegaria… (dila aquí en silencio) y yo repetiré tu Magnificat y pregonaré la misericordia de Nuestro Señor por toda la eternidad. Amén.

     Schoenstatt, un lugar de peregrinación Mucha gente se pregunta si allí se apareció la Virgen, como suele ocurrir en otros lugares santos, por ejemplo, Lourdes o Fátima. No, en Schoenstatt no hubo ninguna aparición de la Madre de Dios. Pero ella, ciertamente, se ha manifestado desde ese pequeño lugar; allí ha tomado una iniciativa divina, a través de un instrumento sacerdotal, el Padre Kentenich. "Todos los que acudan acá para orar" -decía en la plática del 18 de octubre de 1914- deben experimentar la gloria de María. Allí donde la Virgen María se hace presente, surge la vida. Allí donde ella se encuentra, hallamos la paz. Allí donde ella se ha vinculado, derrama en abundancia sus tesoros, sus gracias. Siempre en favor de los hombres, sus hijos. Y, como toda buena madre lo hace, preocupándose de manera particular de aquellos que más sufren, de los más necesitados, de los más débiles. Es justo que una madre, es justo que María obre así. Schoenstatt, un lugar de peregrinación para hoy Hay muchos y diversos Santuarios marianos en el mundo. Múltiples son las gracias que María concede desde cada lugar. ¿Por qué habrá querido manifestarse también en Schoenstatt? Para responder a esta pregunta, nada mejor que recurrir al testimonio de su instrumento principal, el Padre Kentenich, y a la historia vivida a partir de su fundación. Con aguda percepción de los problemas de su época, y con profunda intuición ante el futuro, el Padre Kentenich detectó que estábamos ante un cambio radical en el mundo. Y, en el centro de la problemática, contemplaba al hombre. Veía un creciente proceso de masificación, detectaba el peligro de su desarraigo de valores, personas y tradiciones. Percibía el creciente fenómeno del ateísmo, ya en desarrollo. Captaba que tiempos nuevos requerían un nuevo tipo de hombre.

 
     La Virgen María debía ser su Madre, dar nuevamente a luz a Cristo en el corazón de los hombres. En Schoenstatt y desde Schoenstatt, quería sobre todo manifestarse, como Educadora de ese "hombre nuevo" y de esa "nueva comunidad". Ha surgido un Movimiento de renovación espiritual desde este Santuario Debemos preguntar también a la historia, a lo ocurrido a partir de aquel 18 de octubre de 1914. Los hechos hablan de un lenguaje elocuente. Miles, millares de personas han encontrado en Schoenstatt un hogar espiritual. Han recibido allí gracias especiales. Desde esa pequeña capillita en el valle ha surgido un fuerte movimiento de renovación espiritual, una gran ola religiosa, que, haciéndose cada vez más grande a medida que avanza, va en busca de "nuevas playas" del futuro. Un movimiento que busca la transformación del hombre en Cristo, a través de una alianza de amor con María. Una corriente de entrega heroica y de santidad (esta era una exigencia del plan original: "Aceleración del desarrollo de nuestra propia santificación y, de esta manera, transformación de nuestra Capillita en un lugar de peregrinación").
 
     Han surgido seis Institutos Seculares, comunidades de dirigentes católicos, comunidades contemplativas, un vasto movimiento laical, un movimiento popular y de peregrinos. Donde está la Virgen María, allí está presente el Señor, allí actúa su Espíritu. Nunca podremos comprender o valorar plenamente las maravillas que obra el Señor. Es suficiente percibir su cercanía para experimentar un profundo asombro. Y sentir nacer en nosotros la gratitud. Así lo expresaba el Padre Kentenich, en forma de oración: Gracias Padre, porque elegiste a Schoenstatt y porque allí Cristo nace de nuevo. Gracias porque desde allí quieres irradiar al mundo las glorias de nuestra Madre, inundando los corazones fríos con torrentes de amor. El acontecimiento fundacional del 18 de octubre de 1914 en el Santuario original Si quieres comprender algo en profundidad, debes preguntar por sus raíces. Si queremos captar qué es Schoenstatt, debemos indagar el hecho constitutivo a partir del cual se ha desarrollado. Y esto nos lleva a un lugar -Schoenstatt- en el valle de Vallendar (Alemania) y a una fecha, el 18 de octubre de 1914. Ese día en la antigua capillita de San Miguel, recién inaugurada, el Padre Kentenich sellaba una alianza de amor con la Sma. Virgen. La plática que diera en esa oportunidad a los jóvenes seminaristas, fue reconocida por él mismo, años más tarde, como el documento de fundación del Movimiento de Schoenstatt. Y su testimonio es decisivo. Al comparar la historia del Santuario de Schoenstatt con la de otros lugares en los cuales también se ha manifestado la Virgen María, constatamos algo común a todos: Dios busca siempre instrumentos humanos a través de los cuales se acerca a los hombres.
 
     En octubre de 1914 la Madre de Dios toma una nueva iniciativa en Schoenstatt, Alemania, y ahora el instrumento humano es un joven sacerdote de 29 años, el Padre José Kentenich. Aquel 18 de octubre, el Padre Kentenich comunica a sus interlocutores "una secreta idea predilecta", un "pensamiento audaz", algo que venía rumiando hacía cierto tiempo: "¿Acaso no sería posible que la Capillita de nuestra Congregación al mismo tiempo llegue a ser nuestro Tabor, donde se manifieste la gloria de María?". Tres meses antes, el 18 de julio, había llegado a sus manos un artículo escrito por el Padre Cipriano Fröhlich, narrando la historia del Santuario de Pompeya (Italia). Había surgido, no como en otros lugares, por una aparición de la Virgen María. Dios eligió allí un instrumento humano para realizar sus planes: un abogado, Bartolo Longo (recientemente beatificado por Su Santidad Juan Pablo II). El paralelo era sugerente. Lo que había acontecido en Pompeya ¿no podría repetirse en Schoenstatt? Su propuesta fue realmente audaz. Pero -les decía a los jóvenes seminaristas- "¡cuántas veces en la historia del mundo ha sido lo pequeño e insignificante el origen de lo grande! ¿Por qué no podría suceder también lo mismo con nosotros?". La historia de Schoenstatt, desde aquel día -un día como todos los demás, pero al mismo tiempo, un día diferente-, comprueba que aquellos anhelos se transformaron en hechos. El pequeño Santuario de Schoenstatt, se ha multiplicado a lo largo y a lo ancho del mundo, a través de los Santuarios "filiales" (el primero fue erigido en Nueva Helvecia/Uruguay). La presencia de María y la manifestación de sus glorias se ha multiplicado a través de los numerosos santuarios del hogar en las familias. En todos estos lugares, María quiere manifestarse como Madre y Educadora, obrando grandes cosas. Pero en todos requiere también, según leyes permanentes a la historia de salvación, la cooperación humana. Así lo expresa el lema: "Madre, nada sin ti; nada sin nosotros". P. Esteban Uriburu Pasar el umbral Hay muchas maneras de acercarse a Schoenstatt. Como el Santuario es el eje de todo lo que significa Schoenstatt, la manera más adecuada de acercarse a la parte esencial de Schoenstatt, es la del peregrinar. En el fondo, como cristianos, todos somos peregrinos, buscando el camino hacia el Padre, hacia el cielo. En nuestro peregrinar terreno, Dios nos abre, puertas del cielo, donde se siente que el cielo toca la tierra. Al pasar el umbral del Santuario de Schoenstatt como lugar santo, en la actitud del peregrino, se puede acercarse lo más profundamente a lo que es Schoenstatt.
 

 

 
 

SANTO DEL DIA:
San Bernardino de Siena

 
 

 

San Bernardino de Siena

   Bernardino nació el 8 de septiembre de 1380 y falleció el 20 de mayo de 1444. Tras su muerte, los franciscanos impulsaron un programa iconográfico de imágenes de Bernardino, solo superado por el de San Francisco. Por ello, es uno de los primeros santos cuya imagen recibió una iconografía distintiva y fácilmente reconocible. Los artistas de finales de la Edad Media y del Renacimiento solían representarlo pequeño y demacrado, con tres mitras a sus pies (que representan los tres obispados que había rechazado) y sosteniendo en su mano el monograma IHS.

 


     Bernardino nació en el seno de una familia noble en la ciudad sienesa de Massa Marittima. Su padre era gobernador del distrito, pero Bernardino quedó huérfano a los seis años y fue criado por una tía piadosa. A los diecisiete años, tras estudiar derecho civil y canónico, ingresó en la Cofradía de Nuestra Señora, adscrita al hospital de la iglesia de Santa Maria della Scala. Tres años después, cuando la peste azotó Siena, atendió a los enfermos y, con la ayuda de diez compañeros, se hizo cargo del hospital durante cuatro meses. Escapó de la peste, pero quedó tan debilitado que una fiebre lo mantuvo postrado en cama durante varios meses. A los 23 años, ingresó en la Orden Franciscana (Orden de los Frailes Menores). Bernardino fue ordenado sacerdote un año después y comisionado como predicador al año siguiente. Hacia 1406, San Vicente Ferrer, fraile dominico y misionero, mientras predicaba en Alessandria, en la región de Piamonte, Italia, supuestamente predijo que su manto descendería sobre alguien que lo estuviera escuchando, y dijo que regresaría a Francia y España, dejando a Bernardino la tarea de evangelizar al resto de los pueblos de Italia.

 

     El periodo de actividad pública de Bernardino coincidió con una época en que la Iglesia Católica respondía activamente a movimientos que consideraba heréticos y que ganaban popularidad en el sur de Francia y el norte de Italia. Durante más de 30 años, Bernardino predicó por toda Italia y desempeñó un papel fundamental en el renacimiento religioso de principios del siglo XV. Aunque tenía una voz débil y ronca, se dice que fue uno de los más grandes predicadores de su tiempo. Su estilo era sencillo, cercano y rebosante de imágenes. Cynthia Polecritti, en su biografía de Bernardino, señala que los textos de sus sermones «son obras maestras reconocidas del italiano coloquial». Era un predicador elegante y cautivador, y su uso de imágenes populares y un lenguaje creativo atraía a grandes multitudes a escuchar sus reflexiones. Y, como también señala Polecritti, el tema de sus sermones revela mucho sobre el contexto contemporáneo de la Italia del siglo XV.

 

     Viajaba de un lugar a otro, sin permanecer en ningún sitio más de unas pocas semanas. Todos estos viajes los hacía a pie. En las ciudades, las multitudes que se congregaban para escucharlo eran a veces tan grandes que se hacía necesario erigir un púlpito en la plaza del mercado. Al igual que Vincent Ferrer, solía predicar al amanecer. Sus oyentes, para asegurarse un sitio de pie, llegaban con antelación, muchos procedentes de pueblos lejanos. Los sermones a menudo duraban tres o cuatro horas. Fue invitado a Ferrara en 1424, donde predicó contra el exceso de lujo y la vestimenta inmodesta. En Bolonia, se pronunció en contra del juego, para gran disgusto de los fabricantes y vendedores de cartas. De regreso a Siena en abril de 1425, predicó allí durante 50 días consecutivos. Se decía que su éxito había sido extraordinario. En los lugares donde predicaba, se realizaban “hogueras de las vanidades”, donde la gente arrojaba espejos, zapatos de tacón alto, perfumes, mechones de cabello postizo, cartas, dados, piezas de ajedrez y otras frivolidades para quemarlas. Bernardino exhortaba a sus oyentes a abstenerse de la blasfemia, las conversaciones indecentes y los juegos de azar, y a observar los días festivos.

 

     Los sermones de Bernardino fueron implacables, tanto en vida como después de su muerte. Tenían un carácter severo y moralizante, y arremetía contra diversas clases sociales que, según él, eran particularmente responsables de la corrupción moral de la cristiandad. Se pronunció en contra de la brujería y la usura. Fue precisamente esta moralización la que empañó parte de la reputación de Bernardino. Atribuía la pobreza generalizada a las prácticas usurarias de los prestamistas, un gremio casi exclusivamente judío. Al considerar estas prácticas crediticias contrarias a la Biblia, las condenó e instó a la comunidad a aislar a los prestamistas. Sus oyentes a menudo utilizaban sus palabras para justificar acciones contra los judíos, y su predicación dejó un legado de resentimiento entre ellos. De este modo, se convirtió en el mayordomo moral de lo que el historiador Robert Ian Moore ha denominado «la sociedad perseguidora» de la Europa cristiana de finales de la Edad Media.

 

     Conocido especialmente por su devoción al Santo Nombre de Jesús, Bernardino ideó un símbolo —IHS—, las tres primeras letras del nombre de Jesús en griego, en letras góticas sobre un sol resplandeciente. Esto pretendía reemplazar las insignias de las facciones políticas y familiares de las ciudades italianas. La devoción se extendió y el símbolo comenzó a aparecer en iglesias, hogares y edificios públicos. Sus detractores lo consideraron una innovación peligrosa. Sin embargo, Bernardino utilizó esta devoción para apaciguar ciudades asoladas por conflictos, reconciliando disputas y divisiones mediante su consejo y realizando milagros. En 1427, Bernardino fue convocado a Roma para ser juzgado por herejía debido a su promoción de la devoción al Santo Nombre de Jesús. Bernardino fue declarado inocente y causó tal impresión en el Papa Martín V que este le pidió que predicara en Roma. Predicó entonces diariamente durante 80 días. El celo de Bernardino era tal que preparaba hasta cuatro borradores de un sermón antes de comenzar a hablar. Ese mismo año, se le ofreció el obispado de Siena, pero lo rechazó para mantener sus actividades monásticas y evangelizadoras. En 1431, recorrió Toscana, Lombardía, Romaña y Ancona antes de regresar a Siena para evitar una guerra contra Florencia. También en 1431, rechazó el obispado de Ferrara, y en 1435, el de Urbino.

 

     Juan Capistrán era su amigo, y Jaime de las Marcas fue su discípulo durante esos años. Los cardenales instaron tanto al papa Martín V como al papa Eugenio IV a condenar a Bernardino, pero ambos lo absolvieron casi de inmediato. Un juicio en el Concilio de Basilea también terminó con su absolución. El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Segismundo, buscó el consejo y la intercesión de Bernardino, y este lo acompañó a Roma en 1433 para su coronación. En 1438, Bernardino tuvo que abandonar sus misiones de predicación al convertirse en vicario general de los franciscanos en Italia. Bernardino fundó o reformó al menos trescientos conventos de frailes. Envió misioneros a diferentes partes de Asia, y fue en gran medida gracias a sus esfuerzos que muchos embajadores de distintas naciones cismáticas asistieron al Concilio de Florencia, donde el santo se dirigió a los Padres reunidos en griego.

 

     Ser vicario general inevitablemente redujo sus oportunidades de predicar, pero continuó dirigiéndose al público cuando podía. En 1442, tras persuadir al papa para que finalmente aceptara su renuncia como vicario general, de modo que pudiera dedicarse por completo a la predicación, Bernardino retomó su labor misionera. A pesar de una bula papal emitida por el papa Eugenio IV en 1443, que le encomendaba predicar la indulgencia para la Cruzada contra los turcos, no hay constancia de que lo hiciera. En 1444, a pesar de sus crecientes dolencias, Bernardino, deseoso de que no hubiera rincón de Italia que no hubiera escuchado su voz, partió hacia el Reino de Nápoles. Murió ese mismo año en L'Aquila, en los Abruzos. Según la tradición, su tumba siguió sangrando hasta que dos facciones de la ciudad lograron reconciliarse. Tras su muerte, los relatos de milagros atribuidos a Bernardino se multiplicaron rápidamente, y en 1450, el papa Nicolás V lo canonizó como santo, tan solo seis años después de su fallecimiento. Su festividad en la Iglesia Católica Romana se celebra el 20 de mayo, día de su muerte.

 

ORACIÓN

Señor Dios,
que infundiste en el corazón
de San Bernardino de Siena
un amor admirable
al nombre de Jesús,
concédenos,
por su intercesión y sus méritos,
vivir siempre impulsados
por el espíritu de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.