|
San Pascual Bailón |
|
Nació en
Torrehermosa el día
de Pentecostés del
año 1540, hijo de
unos humildes
labradores, Pascual
Bailón e Isabel
Juvera, lo que
determinó su
dedicación al
pastoreo durante
bastantes años, en
los que acrecentó su
piedad y aprendió a
leer y escribir. A
los dieciocho años,
el deseo de servir a
Dios le empujó hacia
el Convento
franciscano de Santa
María de Loreto de
Albatesa, en el
Reino de Valencia,
recientemente
fundado por los
reformadores de san
Pedro de Alcántara;
esperó un tiempo en
las cercanías del
Monasterio,
trabajando como
pastor al servicio
de Martín García,
quien deseaba
adoptarle como hijo
y legarle su gran
hacienda, pero
Pascual renunció a
todo ello para
profesar en el
convento antes
citado, el 2 de
febrero de 1564.
Pasó por diversas
casas y, aunque sus
superiores deseaban
que accediera al
sacerdocio, prefirió
permanecer como
hermano lego y
desempeñar humildes
oficios de jardinero
o portero. |
|
En 1576, el padre
provincial necesitó
enviar ciertos
comunicados al
general de la Orden,
Cristóbal de
Cheffontaines, que
se encontraba en
París, y encargó de
la misión a fray
Pascual, que
atravesó toda la
Francia calvinista
empresa que le llevó
al borde de la
lapidación en
Orleans. Pese a
todas las
calamidades, cumplió
satisfactoriamente
su misión, aunque
regresó con
numerosas cicatrices
y dolores que le
acompañaron siempre.
|
|
Entre 1589 y 1592
vivió en el convento
de Villarreal, y
murió un día de
Pentecostés, el 17
de mayo de 1592. Su
fama de santidad,
que ya había tenido
en vida, atrajo a
numerosos fieles y
entre los prodigios
que se le
atribuyeron hay uno
en su propio
funeral, pues en la
misa se le vio abrir
los ojos en el
momento de la
elevación de la
hostia. Sus restos
se conservaron en el
convento hasta el
año 1936 en que
desaparecieron;
actualmente se
levanta un templo
votivo eucarístico
de fama mundial. El
convento franciscano
de Aranjuez también
está bajo su
advocación. Muy
pronto comenzaron
los escritos sobre
su vida, encabezados
por la Chrónica del
beato Pascual Baylón,
escrita en 1598 por
su superior y primer
biógrafo, el padre
Juan Jiménez. |
|
Pablo V beatificó a
Pascual Bailón en
1618 y Alejandro
VIII lo canonizó el
16 de octubre de
1690. León XIII, en
su breve
Provivindentissimus,
de 28 de noviembre
de 1897 lo declaró
patrono de las
Asociaciones y
Congregaciones
Eucarísticas, no
sólo de las que ya
existían, sino
también de las que
se crearan en el
futuro. Su fiesta se
celebra el 17 de
mayo, y es conocido
como el Serafín de
la Eucaristía.
|
|
Iconográficamente,
san Pascual Bailón
se representa
vestido de
franciscano y sus
principales
atributos hacen
referencia a su
vocación
eucarística: un
ostentorio o un
cáliz; en menos
ocasiones se
acompaña de
elementos de
penitencia y
meditación como las
disciplinas o el
libro o de objetos
que aluden a su
humilde vida como
pastor y jardinero,
el cayado y la
paleta o azada; a
veces, como
referencia a la
pureza que le
acompañó toda la
vida, aparece con
una azucena. Sus
representaciones más
frecuentes lo
muestran de
rodillas, en éxtasis
ante el Santísimo, y
acompañado de
ángeles.
Giambattista Tiépolo
lo pintó, hacia
1769, para el
convento de Aranjuez
y la obra es muy
conocida a partir
del grabado que de
ella hizo el hijo
del pintor. Son muy
numerosas las
estampas populares y
se difundieron,
sobre todo en
Italia, donde se le
considera “varón
protector de las
mujeres”. San
Pascual Bailón es
patrón de los
pastores, los
cocineros y de todas
las asociaciones y
hermandades
eucarísticas desde
1897. Cartapacio era
el nombre que el
propio santo otorgó
a sus escritos para
fomentar la piedad;
fueron publicados en
Toledo, con el
título de Opúsculos
de S. Pascual
Bailón. |
|
|
|
|
|
Su más grande
amor durante
toda la vida fue
la Sagrada
Eucaristía.
Decía el dueño
de la finca en
el cual
trabajaba como
pastor, que el
mejor regalo que
le podía ofrecer
al Niño Pascual
era permitirle
asistir algún
día entre semana
a la Santa Misa.
Desde los campos
donde cuidaba
las ovejas de su
amo, alcanzaba a
ver la torre del
pueblo y de vez
en cuando se
arrodillaba a
adorar el
Santísimo
Sacramento,
desde esas
lejanías. En
esos tiempos se
acostumbraba que
al elevar la
Hostia el
sacerdote en la
Misa, se diera
un toque de
campanas. Cuando
el pastorcito
Pascual oía la
campana, se
arrodillaba allá
en su campo,
mirando hacia el
templo y adoraba
a Jesucristo
presente en la
Santa Hostia.
|
|
|
|
Un día otros
pastores le
oyeron gritar:
"¡Ahí viene!,
¡allí está!". Y
cayó de
rodillas.
Después dijo que
había visto a
Jesús presente
en la Santa
Hostia. De niño
siendo pastor,
ya hacía
mortificaciones.
Por ejemplo
andar descalzo
por caminos
llenos de
piedras y
espinas. Y
cuando alguna de
las ovejas se
pasaba al
potrero del
vecino, le
pagaba al otro
el pasto que la
oveja se había
comido con el
escaso sueldo
que le pagaban.
A los 24 años
pidió ser
admitido como
hermano
religioso entre
los
franciscanos. Al
principio le
negaron la
aceptación por
su poca
instrucción,
pues apenas
había aprendido
a leer. Y el
único libro que
leía era el
devocionario, el
cual llevaba
siempre mientras
pastoreaba sus
ovejas y allí le
encantaba leer
especialmente
las oraciones a
Jesús
Sacramentado y a
la Santísima
Virgen.
|
|
|
|
Como religioso
franciscano sus
oficios fueron
siempre los más
humildes:
portero,
cocinero,
mandadero,
barrendero. Pero
su gran
especialidad fue
siempre un amor
inmenso a Jesús
en la Santa
Hostia, en la
Eucaristía.
Durante el día,
cualquier rato
que tuviera
libre lo
empleaba para
estarse en la
capilla, de
rodillas con los
brazos en cruz
adorando a Jesús
Sacramentado.
Por las noches
pasaba horas y
horas ante el
Santísimo
Sacramento.
Cuando los demás
se iban a
dormir, él se
quedaba rezando
ante el altar. Y
por la
madrugada,
varias horas
antes de que los
demás religiosos
llegaran a la
capilla a orar,
ya estaba allí
el hermano
Pascual adorando
a Nuestro Señor.
|
|
|
|
Pascual compuso
varias oraciones
muy hermosas al
Santísimo
Sacramento y el
sabio Arzobispo
San Luis de
Rivera al
leerlas exclamó
admirado: "Estas
almas sencillas
sí que se ganan
los mejores
puestos en el
cielo. Nuestras
sabidurías
humanas valen
poco si se
comparan con la
sabiduría divina
que Dios concede
a los humildes".
Sus superiores
lo enviaron a
Francia a llevar
un mensaje.
Tenía que
atravesar
caminos llenos
de protestantes.
Un día un hereje
le preguntó:
"¿Dónde está
Dios?". Y él
respondió: "Dios
está en el
cielo", y el
otro se fue.
Pero enseguida
el santo fraile
se puso a
pensar: "¡Oh, me
perdí la ocasión
de haber muerto
mártir por
Nuestro Señor!
Si le hubiera
dicho que Dios
está en la Santa
Hostia en la
Eucaristía me
habrían matado y
sería mártir.
Pero no fui
digno de ese
honor". Llegado
a Francia,
descalzo, con
una túnica vieja
y remendada, lo
rodeó un grupo
de protestantes
y lo desafiaron
a que les
probara que
Jesús sí está en
la Eucaristía. Y
Pascual que no
había hecho
estudios y
apenas si sabía
leer y escribir,
habló de tal
manera bien de
la presencia de
Jesús en la
Eucaristía, que
los demás no
fueron capaces
de contestarle.
Lo único que
hicieron fue
apedrearlo.
|
|
|
|
Hablaba poco,
pero cuando se
trataba de la
Sagrada
Eucaristía,
entonces sí se
sentía inspirado
por el Espíritu
Santo y hablaba
muy
hermosamente.
Siempre estaba
alegre, pero
nunca se sentía
tan contento
como cuando
ayudaba a Misa o
cuando podía
estarse un rato
orando ante el
Sagrario del
altar. Pascual
murió en la
fiesta de
Pentecostés de
1592, el 17 de
mayo (la Iglesia
celebra tres
pascuas: Pascua
de Navidad,
Pascua de
Resurrección y
Pascua de
Pentecostés.
Pascua
significa: paso
de la esclavitud
a la libertad).
Y parece que el
regalo de
Pentecostés que
el Espíritu
Santo le
concedió fue su
inmenso y
constante amor
por Jesús en la
Eucaristía.
|
|
|
|
Cuando estaba
moribundo, en
aquel día de
Pentecostés, oyó
una campana y
preguntó: "¿De
qué se trata?".
"Es que están en
la elevación en
la Santa Misa".
"¡Ah que hermoso
momento!", y
quedó muerto
plácidamente.
Después durante
su funeral,
tenían el ataúd
descubierto, y
en el momento de
la elevación de
la Santa Hostia
en la misa, los
presentes vieron
con admiración
que abría y
cerraba por dos
veces sus ojos.
Hasta su cadáver
quería adorar a
Cristo en la
Eucaristía. Los
que lo querían
ver eran tantos,
que su cadáver
lo tuvieron
expuesto a la
veneración del
público por tres
días seguidos.
Fue declarado
santo en 1690
|
|
|
|
|
|
Acudo a ti,
San Pascual
Bailón,
Dios, San
Expedito, al
ímpetu de
tus
decisiones.
Vengo en
esta
oportunidad
a pedirte
sobre un
objeto que
no puedo
conseguir.
No es un
deseo banal,
quiero que
sepas que
ese objeto
tiene gran
significado
para mí, sé
que después
de las
súplicas a
tu nombre me
ayudarás a
conseguir
los objetos
perdidos.
San Pascual
o San
Expedito,
haz que
todo sea más
fácil porque
realmente
necesito lo
que ando
buscando.
|
|
i lo ves
desde donde
está, por
favor,
coloca mi
vista justo
en el lugar
donde lo
estás
viendo. Te
prometo que
este objeto
es de mi
propiedad y
solo a mi me
pertenece.
En este día,
tan
importante
en que te
necesito
necesito que
me ayudes a
encontrar
cosas
perdidas. No
me
abandones,
alumbra mi
mente, mis
pensamientos
y mi
esfuerzo en
buscarlo.
San Pascual
Bailón,
quiero darte
gracias,
porque
atiendes a
todos mis
llamados.
Contigo,
incluso mis
sentimientos
o cosas
perdidas,
logran
alumbrarse.
|
|
Dale luz a
mi mente e
ilumíname
para
encontrar lo
que ando
buscando.
Tengo fe que
si lo haré,
San Pascual,
a ti
agradezco
por
facilitarme
que me
ayudes con
las cosas
perdidas. Te
doy gracias
por toda la
atención
brindada,
porque sé
que en tu
nombre el
objeto que
ando
buscando
conseguiré.
|
Alumbra cada
rincón de mi
hogar, San
Pascual
Bailón, para
que ese
objeto tan
importante
aparezca y
encontrar
cosas. Real,
no quiero
tener más preocupaciones, por eso quiero que
pare mi angustia. Sé que estaré en paz y tranquilidad cuando se pierde
algo, y esto
aparezca. Tú
eres el San
Patrono de
lo imposible
y las causas
perdidas,
por eso hoy
acudo a ti,
porque en ti
más que
nadie
confío.
Intercede
ante el
Señor
llevándole
mis
suplicas,
estoy seguro
de que él
tampoco me
abandonará.
Gracias, San
Pascual
Bailón, te
adoraré y daré testimonio sobre los favores realizados. Amén. |
|
|