|
ORACIÓN
|
|
¡Oh, María del
Huerto! Madre
piadosísima, dígnate
aceptar benigna, la
pobre ofrenda de
nuestros obsequios y
oraciones que, como
hijos amantes,
venimos a ofrecerte.
Dígnate inclinar tus
oídos a nuestras
humildes súplicas
para que no sea vana
la confianza que en
Ti ponemos, seguros
de obtener de tu
Divino Hijo el
perdón de nuestros
pecados y el favor
particular que
solicitamos por tu
poderosa mediación.
Alcánzanos a todos
la Gracia de la
perseverancia final,
viviendo y muriendo
como verdaderos
hijos tuyos, para
poder bendecir y
alabar
a Dios eternamente y ensalzar para siempre tus misericordias en el Huerto
dichoso de la
Jerusalén.
Amén. |
|
|
| |
|
La devoción a la
Virgen del Huerto
surgió como una
promesa hecha por
una piadosa mujer,
ante la amenaza de
la peste, que en
1493 sembraba la
muerte en toda la
región de la
Liguria. Comenzando
por Génova, el
contagio se fue
propagando y llegó a
la Ciudad de
Chiávari y a los
valles cercanos.
María Guercio,
(Turquina por el
pañuelo azul que
siempre llevaba)
piadosa mujer del
subur-bio de
Rupinaro, prometió a
la Virgen una señal
de público
reconocimiento si
mantenía in-mune del
contagio, a ella y a
su familia. Obtenida
la gracia, Turquina
cumplió su promesa y
encargó al pintor
Benedicto Borzone,
que pintara sobre el
muro de un huerto,
ubicado entre el
Palacio del
Gobernador y el
Puerto de Chiávari,
una imagen de la
Virgen María con el
Niño en brazos, para
que los transeúntes
que, en su diario
trajín, pasaban por
el lugar, pudieran
venerarla y pedirle
gracias… |
|
|
|
LA VIRGEN INTERCEDE
POR SU PUEBLO. Con
el paso del tiempo,
la imagen del huerto
fue olvidada y
comenzó a
arruinarse, pero la
bella pintura siguió
allí, manteniendo su
aspecto y tonalidad
y llamando
poderosamente la
atención de quienes
pasaban por el
lugar. En 1528 la
peste volvió a
castigar la Liguria,
abatiéndose con
especial fuerza
sobre Chavari. Este
hecho volvió a
despertar la
devoción a la imagen
del huerto y muchos
fieles, se con-gregaban
diariamente en el
lugar, para pedir la
liberación de
Chiávari del peligro
del contagio. Por
esa razón, las
autoridades de la
ciudad decidieron
construirle un
altar, una especie
de ermita para que
los que acudían a
pedir la protección
de la Madre de Dios,
pudieran
arrodillarse y orar
ante ella.
Nuevamente la Ciudad
experimentó
visiblemente la
protección de la
Madre de Dios. Tal
como suele ocurrir,
pasado el peligro,
el pueblo se fue
olvidando de la
Virgen del Huerto.
|
|
|
|
La noche del 18 de
diciembre de 1609,
Gerónima Turrio, una
lavandera del barrio
de Rupinaro, que se
había ocupado de
cuidar la ermita, y
mantenerla limpia y
siempre con una luz
encendida, rezaba
como era su costum-bre,
ante la imagen de la
Virgen.
Repentinamente vio
que la pintura
comenzó a irradiar
una luz intensa. El
prodigio se conoció
en los alrededores y
al cabo de un
tiempo, cientos de
peregrinos
comenzaron a acudir
al lugar para
implorar gracias.
Encontrándose la
pintura de la imagen
en un lugar
estratégico, que era
paso obligado de los
que diariamente se
dirigían a sus
trabajos, la
devoción a la Madre
del Huerto fue
creciendo en el
pueblo de Chiávari y
en los alrededores.
Turquina había
escogido el lugar
más apropiado para
colocar a la Virgen
Madre, exacta-mente
sobre el camino de
los chiavareses y de
los forasteros. Fue
una opción muy
acertada para
provocar el
encuentro entre la
Madre y sus hijos.
|
|
|
|
LA VIRGEN SE
MANIFIESTA. La
devoción a Nuestra
Señora del Huerto se
vio reforzada el 2
de julio de 1610
cuando, en horas de
la mañana, se le
apareció a Sebastián
Descalzo, un humilde
poblador de las
inmediaciones, que
mientras recitaba
sus oraciones se
encaminaba hacia el
lugar de su trabajo,
en los suburbios de
Carasco, donde
vendía los productos
de su huerto. Cuando
Sebastián estaba
llegando al lugar de
la imagen vio frente
a sí a la Virgen
bendita luciendo un
hermoso manto
celeste. La
aparición de María
en el huerto de
Chiávari respondía
al designio de la
Providencia que
quería suscitar un
despertar en la fe y
en la piedad,
mediante el culto de
María, Mediadora y
Corredentora del
género humano.
|
|
|
|
María concedió una
lluvia de dones y
gracias: curaciones
de enfermedades,
extinción de odios y
enemistades y
conquistó el corazón
aún de los
incrédulos. La fama
de estas maravillas
se divulgó entre los
chiavareses y las
poblaciones vecinas,
acrecentando más la
devoción, de tal
manera que se
originó una reforma
general de vida.
Fueron desterradas
las diversiones
ilícitas; se volvió
a la devoción, a una
enmienda en el
lenguaje, a la
sinceridad en las
obras, a la
prontitud en los
actos religiosos, a
la oración. Fueron a
postrarse delante de
la imagen aquellos
que la habían
profanado con sus
juegos y blasfemias.
|
|
|
|
LA IMAGEN. La imagen
de la Virgen del
Huerto, tiene
algunas
particularidades.
Repre-senta a la
Virgen con el Niño
apoyado en su pecho,
y con su mano
derecha sosteniendo
la mano del Niño
Jesús, para bendecir
a la ciudad y a
cualquiera que
tuviese la gracia de
pasar delante de
ella. En torno a la
cabeza de la Virgen
se leen las palabras
del saludo del ángel
Gabriel: Ave gratia
plena, y, un poco
más arriba, la frase
bíblica: Hortus
Conclusus, que
significa HUERTO
CERRADO y que se
aplican a la Virgen
María por su
Inmaculada
Concepción, y se la
compara a un huerto
o jardín cerrado
porque el mal nunca
contaminó su vida.
|
|
|
|
LA VIRGEN ES
SOLEMNEMENTE
PROCLAMADA PATRONA
DE CHIAVARI.
Chiávari no olvidó
los favores
recibidos por la
intercesión de la
Virgen del Huerto y
en 1643 la proclamó
patrona principal de
la Ciudad y comenzó
a construirle un
Santuario en el
lugar donde estaba
pintada la imagen.
Para darle un sitial
de honor a su
Patrona, una vez
terminada la
construcción, con
sentimientos de amor
y gratitud, la
imagen de la Virgen
del Huerto,
recortada del viejo
muro y encerrada en
un marco de mármol,
fue paseada por
primera vez por las
calles de Chiavari,
y en un silencio
cargado de emoción
la preciosa pintura
fue colocada en un
lugar preparado para
su veneración. Desde
allí sigue
intercediendo ante
el Señor por todos
los que necesitan de
su protección,
haciéndose para
siempre la servidora
del pueblo. |
|
|
|
En el año 1835, el
cólera invade
nuevamente la
Liguria, y Chiávari
se siente amenazada
y en permanente
peligro por la
llegada de
forasteros,
provenientes de
otras poblaciones.
Gianelli en esa
oportunidad confía
su pueblo al Santo
Crucifijo Negro y a
la Virgen del
Huerto. Y desde el
19 de julio comienza
un triduo solemne de
súplicas, junto al
altar del Santísimo
Crucifijo Negro, en
la Iglesia de San
Juan Bautista. El 22
de julio se inicia
un segundo triduo en
el Santuario de
Nuestra Señora del
Huerto con gran
concurso del pueblo,
del clero y de las
autoridades. En los
primeros días de
agosto Gianelli
invita a los fieles
a una novena al
Santísimo Crucifijo
y propone una
procesión de
penitencia con la
imagen del Santo
Crucifijo. Saliendo
de la Iglesia de San
Juan Bautista, el
Crucifijo, recorrió
todas las calles de
la ciudad y llegó al
Santuario de la
Virgen del Huerto,
donde, como diría
Gianelli, "pareció
que la Madre se
hubiese puesto de
acuerdo con el Hijo
y que, en dulcísimo
acuerdo, hubiesen
decidido la
preservación de
Chiávari". El pueblo
se reunió en la
plaza frente al
Santuario. Gianelli,
desde un palco
levantó el Cruci-fijo
Negro y el pueblo se
postró ante él. En
un arranque de fe,
Gianelli ofreció su
vida por la
salvación de su
pueblo. De improviso
una bandada de
golondrinas, que
habían desaparecido
en la primavera
precedente,
revoloteó sobre la
plaza, después voló
alrededor del
Crucifijo, hasta que
desapareció por
encima del
Santuario. El hecho
fue interpretado
como un presagio
feliz. Gianelli con
la intuición de los
santos proclamó: "la
gracia está hecha".
Y Chiávari fue
preservada
nuevamente de la
peste, el 25 de
Agosto de 1835.
|
|
|
|
“Quisiera que
emplearan su
inteligencia, su
lengua, su vida
entera para alabar,
bendecir y hacer
conocer a María...”
“Confíen en María,
abandónense en sus
manos con toda
confianza... Ella es
Madre tan tierna y
bondadosa que no
puede ver las
miserias de sus
hijos sin
remediarlas. Madre
de Misericordia no
puede permitir que
se pierda ni uno
solo de sus hijos
que confían en
Ella... “ Gianelli
insiste siempre en
que la auténtica
devoción a María se
alimenta de “signos
y prácticas”. Por
esto, además de la
imitación de sus
virtudes recomienda:
el rezo del rosario,
hacer las novenas
preparatorias a sus
fiestas y el Mes de
María; tener una
imagen de María
siempre a la vista
para contemplarla en
todo momento; el
recurso frecuente a
su intercesión; la
consagración, el uso
de su medalla, etc.
Y termina pidiendo a
todos “una devoción
tierna y filial”
Todo lo que Gianelli
aconseja a los demás
lo vive él mismo...
Su amor ardiente a
María lo lleva a la
imitación de sus
virtudes y a
entregar su vida, no
sólo a extender su
devoción, sino a
hacer de ella un
himno de alabanza a
Dios. Entre las
tantas advocaciones
de la Virgen, el
cariño especial de
Gianelli es para
María del Huerto.
Las características
de la pintura de
María, en su cuadro
del Santuario de
Chiàvari, lo
fascinan: María que
tiene en su regazo a
Jesús, que nos
muestra a Jesús, que
nos lo entrega, que
toma la mano de su
Hijo para bendecir.
María, Jardín de
Dios; Jardín donde
florecen todas las
virtudes y Fuente de
gracia y santi-dad.
Cuando Gianelli ya
lo ha entregado
todo, llega el
momento de rendirse
a la Voluntad de
Dios: una grave
enfermedad pone en
peligro su vida. Los
chiavareses, le
obsequian un cuadro
de la Virgen del
Huerto, para
colocarlo a los pies
de la cama.
Contemplando la
imagen de la Virgen,
escribe: “María, si
eres tan hermosa por
un mortal pintada,
¿qué será contemplar
tu rostro, Hija de
Dios, tan amada”. Es
como un grito de
nostalgia de estar
con la Virgen y
contemplar su
rostro, intuyendo su
próximo fin. Muere
dos días después, el
7 de junio de 1846. |
|
|