REGINA RORYS ORA PRO NOBYS - NON NOBIS DOMINE SED NOMINI TUO DA GLORIAM - STAT CRUZ DUM VOLVITUR ORBIS - CRUX SANCTI ATRIS BENEDICTI - CRUX SACRA SIT MIHI MUX - NON DRACO SIT MIHI DUX - PAX

 


Mes dedicado a María Santísima del Rocío: Purísima e Inmaculada Madre de Dios, Madre Nuestra; Auxiliadora de los cristianos consuelo de los afligidos Blanca Paloma. ¡OH María sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a ti!  REGINA RORYS, ORA PRO NOBIS


 
 

 

 

 

VIERNES 15 DE MAYO

 
 

 
 
 

ADVOCACIÓN MARIANA:

Nuestra Señora de la Dulce Espera

 Se conoce también como la virgen que viene del mar por la historia que involucra a la antigua imagen de la Virgen María
 que se expone en la Basílica Vaticana de San Pedro durante las celebraciones del 31 de diciembre y el 1 de enero

 
 

 

ORACIÓN

Oh, Virgen de la Dulce Espera, acudo a ti en este día con profunda entrega y te pido que, por los méritos de tu dulce espera, pueda procrear e iluminar cada fuente de vida que Dios me confíe algún día. Que en este tiempo de espera y preparación mi alma sea renovada y fortalecida para vivir los dones que acompañarán a esta bendición. Ayúdame a ser guía para quienes ya están en mi vida y a acoger, con tu misma ternura, a cada alma que Dios ponga en mi vía. Oh, Virgen, llena de gracia, danos la esperanza que sostiene, para que un día esta oración vuelva a nosotros cargada de respuestas a nuestras más profundas proclamaciones. Amén.
 
     La devoción a la Virgen de la Dulce Espera no nació como un dogma ni como el fruto de una aparición mariana, sino como una manifestación del amor popular hacia María en su etapa más humana: su maternidad. Aunque la Iglesia siempre ha contemplado a María como Madre, durante siglos apenas se hablaba explícitamente de su embarazo. De hecho, la mayoría de las representaciones antiguas la muestran con el Niño Jesús en brazos, pero no durante el tiempo de la espera.
 
     Sin embargo, a partir de los siglos XVII y XVIII, especialmente en Europa y luego en América Latina, comenzaron a surgir imágenes de la Virgen encinta bajo distintos títulos como «Nuestra Señora de la Expectación», «Virgen de la O», «Nuestra Señora de la Esperanza» o «Nuestra Señora de la Dulce Espera». Tal como se menciona en las actas del Concilio de Toledo del año 656 d.C., se instituyó la fiesta de Santa María de la O, celebrada el 18 de diciembre para contemplar la expectación del nacimiento de Cristo. De esta fecha nacen todas las representaciones de María en su embarazo.
 
El nombre nace de la experiencia concreta de toda mujer gestante, marcada por la espera, el anhelo, la incertidumbre, la ternura y la confianza en Dios. María vivió en su propia carne esa espera de un Hijo. Desde la sorpresa del anuncio del ángel hasta el proceso físico y emocional de llevar vida dentro. Ella atravesó las alegrías y temores propios de cualquier embarazo. Abrazó la incertidumbre sobre su futuro y la fe absoluta en la promesa divina. Por eso se le llama «Dulce Espera», pues María hizo de su embarazo una experiencia de fe y abandono total, alejándose de cualquier sentimiento de miedo para abrazar la voluntad del Padre.
 
     Las representaciones de esta advocación suelen mostrar a María tocándose el vientre con ternura. Con un rostro sereno lleno de paz y esperanza, viste un traje amplio que marca la maternidad. Es una de las pocas imágenes donde María aparece claramente embarazada, recordándonos su humanidad, su fortaleza y su papel fundamental como Madre del Salvador. Con el tiempo, esta advocación se expandió por toda América Latina. Así, tomó especial fuerza en países como México, Argentina, Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela, entre otros. Durante el siglo XX, muchas parroquias y movimientos provida empezaron a acompañar a mujeres embarazadas y encontraron en María un modelo perfecto de maternidad segura, confiada y profundamente espiritual.
 
     ¡Esta advocación se ha convertido en consuelo e intercesión para muchas personas! Es reconocida como patrona de las mujeres embarazadas, las madres primerizas, las familias que desean concebir, los bebés no nacidos, los procesos provida, las parejas que sufren infertilidad, los embarazos de alto riesgo y el acompañamiento espiritual durante la espera. En algunos países también se le reconoce como protectora del parto, intercesora de embarazos saludables y guardiana de madres solteras embarazadas.
 
     María llevó a Jesús en su vientre y encarnó de forma perfecta la virtud de la esperanza al confiar en Dios, aun sin entender todo el misterio. Hoy en día, ella intercede por la vida desde el primer instante de la concepción. Por ello, la Iglesia ve esta devoción como una forma de contemplar la Encarnación, el misterio central donde Dios se hizo hombre en el vientre de una mujer. Al tratarse de una devoción profundamente cristológica, al honrar a María embarazada, honramos simultáneamente al Cristo que crecía en su seno.
 
 

 

 
 

SANTO DEL DIA:
San Isidro Labrador

 
 

 

San Isidro Labrador

 

     Es el patrono de los agricultores del mundo. Le pusieron ese nombre en honor de San Isidoro, un santo muy apreciado en España. Sus padres eran unos campesinos sumamente pobres que ni siquiera pudieron enviar a su hijo a la escuela. Pero en casa le enseñaron a tener temor a ofender a Dios y gran amor de caridad hacia el prójimo y un enorme aprecio por la oración y por la Santa Misa y la Comunión. Huérfano y solo en el mundo cuando llegó a la edad de diez años Isidro se empleó como peón de campo, ayudando en la agricultura a Don Juan de Vargas un dueño de una finca, cerca de Madrid. Allí pasó muchos años de su existencia labrando las tierras, cultivando y cosechando. Se casó con una sencilla campesina que también llegó a ser santa y ahora se llama Santa María de la Cabeza (no porque ese fuera su apellido, sino porque su cabeza es sacada en procesión en rogativas, cuando pasan muchos meses sin llover). Isidro se levantaba muy de madrugada y nunca empezaba su día de trabajo sin haber asistido antes a la Santa Misa. Varios de sus compañeros muy envidiosos lo acusaron ante el patrón por "ausentismo" y abandono del trabajo.

 

     El señor Vargas se fue a observar el campo y notó que sí era cierto que Isidro llegaba una hora más tarde que los otros (en aquel tiempo se trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde) pero que mientras Isidro oía misa, un personaje invisible (quizá un ángel) le guaba sus bueyes y estos araban juiciosamente como si el propio campesino los estuviera dirigiendo. Los mahometanos se apoderaron de Madrid y de sus alrededores y los buenos católicos tuvieron que salir huyendo. Isidro fue uno de los inmigrantes y sufrió por un buen tiempo lo que es irse a vivir donde nadie lo conoce a uno y donde es muy difícil conseguir empleo y confianza de las gentes. Pero sabía aquello que Dios ha prometido varias veces en la Biblia: "Yo nunca te abandonaré", y confió en Dios y fue ayudado por Dios. Lo que ganaba como jornalero, Isidro lo distribuía en tres partes: una para el templo, otra para los pobres y otra para su familia (él, su esposa y su hijito). Y hasta para las avecillas tenía sus apartados. En pleno invierno cuando el suelo se cubría de nieve, Isidro esparcía granos de trigo por el camino para que las avecillas tuvieran con que alimentarse. Un día lo invitaron a un gran almuerzo. El se llevó a varios mendigos a que almorzaran también.

 

     El invitador le dijo disgustado que solamente le podía dar almuerzo a él y no para los otros. Isidro repartió su almuerzo entre los mendigos y alcanzó para todos y sobró. Los domingos los distribuía así: un buen rato en el templo rezando, asistiendo a misa y escuchando la Palabra de Dios. Otro buen rato visitando pobres y enfermos y por la tarde saliendo a pasear por los campos con su esposa y su hijito. Pero un día mientras ellos corrían por el campo, dejaron al niñito junto a un profundo pozo de sacar agua y en un movimiento brusco del chiquitín, la canasta donde estaba dio vuelta y cayó dentro del hoyo. Alcanzaron a ver esto los dos esposos y corrieron junto al pozo, pero este era muy profundo y no había cómo rescatar al hijo. Entonces se arrodillaron a rezar con toda fe y las aguas de aquel aljibe fueron subiendo y apareció la canasta con el niño y a este no le había sucedido ningún mal. No se cansaron nunca de dar gracias a Dios por tan admirable prodigio. Volvió después a Madrid y se alquiló como obrero en una finca, pero los otros peones, llenos de envidia lo acusaron ante el dueño de que trabajaba menos que los demás por dedicarse a rezar y a ir al templo. El dueño le puso entonces como tarea a cada obrero cultivar una parcela de tierra.

 

     Y la de Isidro produjo el doble que las de los demás, porque Nuestro Señor le recompensaba su piedad y su generosidad. En el año 1130 sintiendo que se iba a morir hizo humilde confesión de sus pecados y recomendando a sus familiares y amigos que tuvieran mucho amor a Dios y mucha caridad con el prójimo, murió santamente. A los 43 años de haber sido sepultado en 1163 sacaron del sepulcro su cadáver y estaba incorrupto, como si estuviera recién muerto. Las gentes consideraron esto como un milagro. Poco después el rey Felipe III se hallaba gravísimamente enfermo y los médicos dijeron que se moriría de aquella enfermedad. Entonces sacaron los restos de San Isidro del templo a donde los habían llevado cuando los trasladaron del cementerio. Y tan pronto como los restos salieron del templo, al rey se le fue la fiebre y al llegar junto a él los restos del santo se le fue por completo la enfermedad. A causa de esto el rey intecedió ante el Sumo Pontífice para que declarara santo al humilde labrador, y por este y otros muchos milagros, el Papa lo canonizó en el año 1622 junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri.

 

ORACIÓN

Bienaventurado Isidro,
que habitas hoy la celestial morada en justo premio de tu singular piedad, caritativo celo y santidad de vida, sin que para practicar dichas virtudes fueran obstáculo las ocupaciones a que tenías que dedicarte para ganar el necesario sustento, tanto para ti, como para tu venerada esposa, María de la Cabeza: te suplicamos que seas nuestro intercesor para con el Altísimo, a fin de que este divino Señor se apiade de nuestras miserias, y, por un acto de su infinita bondad, nos conceda vivir en paz en esta vida, y que gocemos en la otra las eternas delicias de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.