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ORACIÓN
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¡Oh amabilísima
Virgen de Lourdes,
Madre de Dios y
Madre nuestra!
Llenos de aflicción
y con lágrimas
fluyendo de los
ojos, acudimos en
las horas amargas de
la enfermedad a tu
maternal corazón,
para pedirte que
derrames a manos
llenas¿ el tesoro de
tu misericordia
sobre nosotros.
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Indignos somos por
nuestros pecados de
que nos escuches,
Pero acuérdate que
jamás se ha oído
decir que ninguno de
los que han acudido
a ti haya sido
abandonado. |
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¡Madre tierna!
¡Madre bondadosa!
¡Madre dulcísima! Ya
que Dios obra por tu
mano curaciones sin
cuento en la Gruta
prodigiosa de
Lourdes, sanando
tantas víctimas del
dolor, guarda
también una mirada
de bendición para
nuestro pobre
enfermo… (se dice el
nombre). |
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Alcanzadle de
vuestro Divino Hijo
Jesucristo la
deseada salud, si ha
de ser para mayor
gloria de Dios. Pero
mucho más
alcanzadnos a todos
el perdón de
nuestros pecados,
paciencia y
resignación en los
sufrimientos y sobre
todo un amor grande
y eterno a nuestro
Dios, prisionero por
nosotros en los
Sagrarios. Amén.
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Virgen de Lourdes,
rogad por nosotros.
Consuelo de los
afligidos, rogad por
nosotros. Salud de
los enfermos, rogad
por nosotros.
Rezar tres
Avemarías. |
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La memoria litúrgica
de hoy conmemora las
apariciones de la
Virgen María en
Lourdes a partir del
11 de febrero de
1858. La
protagonista de este
acontecimiento fue
una joven llamada
Bernadette Soubirous,
que hoy se cuenta
entre las filas de
las santas. La
Virgen María se le
apareció dieciocho
veces en una gruta
junto al río Gave.
Los detalles de esta
experiencia fueron
recogidos por la
comisión diocesana
encargada de
examinar los hechos.
Así, sabemos que
Bernadette estaba
junto al río con su
hermana y una amiga
cuando oyó una
especie de "ráfaga
de viento" que venía
de una cueva. Se
acercó, pero las
hojas de los árboles
estaban inmóviles.
Mientras intentaba
comprender, oyó un
segundo "ruido" y
vio una figura
blanca que parecía
una Señora. Temiendo
sufrir
alucinaciones, se
frotó los ojos, pero
Ella seguía allí.
Sin saber qué hacer,
sacó el rosario del
bolsillo y comenzó a
rezarlo; la Virgen
se unió a su
oración. Más tarde
le confió a su
hermana lo que había
sucedido; también se
lo contó a su madre,
que le prohibió
volver a ese lugar.
Pero Bernadette
sentía una fuerza
interior que la
empujaba a volver a
la gruta. Después de
mucho insistir, su
madre se lo
permitió. El 14 de
febrero, la joven
regresó a la cueva
con un grupo de
amigas, y se produjo
una segunda
aparición. |
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El 18 de febrero
hubo otra aparición,
y en esta ocasión la
Virgen le pidió a
Bernadette que
volviera durante 15
días consecutivos.
El día 25 de
febrero, la Señora
invitó a la joven a
hacer gestos de
penitencia por los
pecadores, y a cavar
con las manos para
encontrar agua. Tras
la aparición del 1
de marzo, una mujer
se dirigió por la
noche a la gruta,
metió su brazo
enfermo en el agua
de la fuente y quedó
curada. Fue la
primera de una larga
serie de curaciones
milagrosas. |
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El 25 de marzo, a
petición de
Bernadette, la
Virgen le dijo que
era la Inmaculada
Concepción. El dogma
de fe había sido
promulgado por el
Papa Pío IX el 8 de
diciembre de 1854. |
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Las apariciones
duraron desde el 11
de febrero hasta el
16 de julio de 1858,
con diferentes
intervalos, hasta un
total de 18
apariciones. Fueron
reconocidas
oficialmente por el
obispo de Tarbes el
18 de enero de 1862. |
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La fama de Lourdes
no se debe solamente
a las apariciones,
sino también al
mensaje de esperanza
para la humanidad
que sufre en cuerpo
y espíritu. Lourdes
es conocido como el
lugar que acoge a
los enfermos que
peregrinan hasta
allí para encontrar
la paz, la salud y
la serenidad por
intercesión de la
Virgen Inmaculada.
Se han reconocido
setenta curaciones
físicas -por un
equipo médico
independiente- y se
han producido
innumerables
conversiones. |
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Tres días después se
celebraron unas
bodas en Caná de
Galilea, y la madre
de Jesús estaba
allí. Jesús también
fue invitado con sus
discípulos. Y como
faltaba vino, la
madre de Jesús le
dijo: «No tienen
vino». Jesús le
respondió: «Mujer,
¿qué tenemos que ver
nosotros? Mi hora no
ha llegado todavía».
Pero su madre dijo a
los sirvientes:
«Hagan todo lo que
Él les diga». Había
allí seis tinajas de
piedra destinadas a
los ritos de
purificación de los
judíos, que
contenían unos cien
litros cada una.
Jesús dijo a los
sirvientes: «Llenen
de agua estas
tinajas». Y las
llenaron hasta el
borde. «Saquen ahora
-agregó Jesús-, y
lleven al encargado
del banquete». Así
lo hicieron. El
encargado probó el
agua cambiada en
vino y como ignoraba
su origen, aunque lo
sabían los
sirvientes que
habían sacado el
agua, llamó al
esposo y le dijo:
«Siempre se sirve
primero el buen vino
y cuando todos han
bebido bien, se trae
el de inferior
calidad. Tú, en
cambio, has guardado
el buen vino hasta
este momento». Este
fue el primero de
los signos de Jesús,
y lo hizo en Caná de
Galilea. Así
manifestó su gloria,
y sus discípulos
creyeron en Él. (Jn
2,1-12). |
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En este contexto,
comprendemos el
sentido de la
conmemoración de
hoy: la Virgen María
sigue intercediendo
por sus hijos, sobre
todo por los débiles
y enfermos de cuerpo
y espíritu, para que
confíen en Jesús,
Señor y Salvador, el
único que puede
convertir el agua en
vino, que puede
transformar todo
trabajo en alegría,
todo luto en
esperanza, toda
enfermedad en nueva
confianza. |
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El mensaje de las
bodas de Caná y el
de Lourdes nos
llevan a comprender
por qué San Juan
Pablo II eligió, en
1992, celebrar la
Jornada Mundial del
Enfermo en el día de
la Virgen de
Lourdes: al fin y al
cabo, a través de
Lourdes se reafirma
que ninguna persona
enferma puede ser
descartada nunca,
sino que necesita
encontrar la plena
ciudadanía dentro de
la vida. |
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