REGINA RORYS ORA PRO NOBYS - NON NOBIS DOMINE SED NOMINI TUO DA GLORIAM - STAT CRUZ DUM VOLVITUR ORBIS - CRUX SANCTI ATRIS BENEDICTI - CRUX SACRA SIT MIHI MUX - NON DRACO SIT MIHI DUX - PAX

 


Mes dedicado a María Santísima del Rocío: Purísima e Inmaculada Madre de Dios, Madre Nuestra; Auxiliadora de los cristianos consuelo de los afligidos Blanca Paloma. ¡OH María sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a ti!  REGINA RORYS, ORA PRO NOBIS


 
 

 

 

 

VIERNES 8 DE MAYO

 
 
 
 

PRIMER AÑO DEL PONTIFICADO

 DEL PAPA LEÓN XIV

 

Un 8 de Mayo en 1945 terminó  la segunda guerra mundial

 
 
 
 
 

ADVOCACIÓN MARIANA:

Nuestra Señora de Lujan

Es patrona de la República Argentina y también la conocen como la Virgen Gaucha

 
 

 

ORACIÓN

Virgen de Luján, Madre del Pueblo Argentino, hoy nos consagramos a tu corazón maternal. Ponemos en tus manos nuestras vidas sabiendo que serán cuidadas y fortalecidas.
 

Queremos que nos lleves a Jesús. Regálanos ser presencia de tu hijo para otros. Que hablemos de él sin nombrarlo y callemos cuando es preciso que el gesto remplace la palabra. Que amemos como Jesús amo y hagamos el bien como el mismo nos enseñó. Que seamos para todos instrumentos de paz y de unidad.

Virgen de Lujan, míranos con ese amor único con el que sabes mirar. Nos queremos consagrarnos a ti, para poder vivir, desde hoy y para siempre, la vocación hermosa que nos regalas en este Santuario de ser como el negro Manuel de la Virgen no mas.
 

Bendita sea tu pureza

Y eternamente lo sea

Pues todo un Dios se recrea

En tan graciosa belleza

A ti, celestial princesa

Virgen sagrada María

Te ofrezco en este día

Alma, vida y corazón

Mírame con compasión

No me dejes, madre mía.

Amen.

 
 
     La historia de la devoción a Nuestra Señora de Luján comienza en 1630 cuando Antonio Farías de Sáa, un hacendado portugués de Santiago de Estero, decide construir una capilla en Sumampa, Argentina, para venerar a Nuestra Señora. Luego le pidió a un amigo, un marinero, que le trajera una pequeña imagen de Nuestra Señora para esta capilla. El amigo respondió enviando dos estatuas: una de María, Madre de Dios, y otra de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.
 
     Después de su travesía segura por mar, las estatuas fueron colocadas en un carro en Buenos Aires para hacer su viaje tierra adentro. Cuando la caravana de transporte llegó al río Luján, los hombres que acompañaban el preciado cargamento decidieron pasar la noche en la posada Tomás Rosendo. A la mañana siguiente, sin embargo, sucedió algo extraño: la carreta tirada por bueyes que transportaba las imágenes de Nuestra Señora no se movía. Todos los esfuerzos para mover el carro fueron infructuosos hasta que se descargó la imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Tan pronto como la imagen estuvo fuera del carro, con la otra imagen dentro, el carro pudo ser tirado con facilidad.
 
     Los hombres entendieron que esto era una señal de Dios; Nuestra Señora quería quedarse allí, porque era en Luján donde debía ser venerada. Así, la imagen de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción permanecería mientras la otra continuaría su viaje hacia el norte hasta Sumampa. La estatua de la Inmaculada Concepción, ataviada con un vistoso vestido azul y blanco, fue entronizada en una pequeña capilla junto al camino. Mientras tanto, ocurrieron otros milagros y curaciones. Un hombre de nombre “Negro Manuel” fue el encargado de velar a la Virgen en la capilla; su devoción por ella sería ampliamente conocida en toda la región, ya que la sirvió durante 40 años. En 1671, una mujer llamada Doña Ana de Matos donó un terreno de su hacienda para aumentar el tamaño del santuario, así como para la construcción de lugares de estancia para los peregrinos. Estos albergues crecieron y crecieron a tal punto que para 1682 el asentamiento de facto se convirtió en la Ciudad de Luján.
 
     Nuestra Señora de Luján continuaría otorgando sus bendiciones y ganando la devoción de su pueblo por muchos años más. El 8 de mayo de 1887, Monseñor Federico León Aneiros, arzobispo de Buenos Aires, colocó a Nuestra Señora de Luján una corona imperial de oro bendecida por el Papa León XII. En conmemoración de este evento, su fiesta se celebra el 8 de mayo de cada año desde entonces. Nuestra Señora de Luján llegaría a ser tan querida que muchos dignatarios, prelados y personalidades famosas la han visitado a lo largo de los años. Manuel Belgrano, padre fundador de Argentina, visitó el santuario tanto en 1812 como en 1813, así como en 1823. Luján recibió, también, a José San Martín, líder del movimiento independentista sudamericano. En 1824, Giovanni Mastai Ferreti, el hombre que luego se convertiría en el Beato Papa Pío IX, visitó la iglesia como asistente del vicario apostólico en ese momento. En 1895, San Francisco Xavier Cabrini vino a Luján en peregrinación, y San Luis Orione visitó el santuario varias veces entre 1921 y 1935. En 1934, el Cardenal Eugenio Pacelli, quien luego se convertiría en el Papa Pío XII, visitó Luján como Legado Papal al Congreso Eucarístico Internacional realizado en Buenos Aires ese año. San Josemaría Escrivá vino en peregrinación en 1974 y el 11 de junio de 1982 el Papa San Juan Pablo Magno visitó el santuario con una Rosa de Oro.
 
     El Padre Carlos Miguel Buela puede recordar el día que era seminarista en el que se arrodilló en el comulgatorio derecho de la basílica de Luján, pidiéndole que guiara su vocación y muchas otras vocaciones religiosas y sacerdotales. Años más tarde, sin embargo, durante la fundación inicial del Instituto, el P. Buela se mostró reacio a nombrar a Nuestra Señora de Luján como su patrona, debido a que no quería imponer una devoción particular o que el título de “Luján” compitiera con los otros 30.000 títulos atribuidos a Nuestra Señora. Sin embargo, el p. Buela discernió en 1999 que era hora de promover a Nuestra Señora de Luján iniciando el “Proyecto Luján”, por varias razones. Primero, Nuestra Señora de Luján fue la receptora del mayor número de devociones particulares entre los misioneros de la IVE. En segundo lugar, Nuestra Señora de Luján es la patrona de Argentina, nación en la que nació el Instituto. Y tercero, las muchas bendiciones y gracias concedidas al Instituto han sido atribuidas a la intercesión de Nuestra Señora de Luján.
 
     Nuestra Señora de Luján sirve como Patrona del Instituto y como tal ha desempeñado un papel preeminente en el fomento de sus vocaciones y el sostenimiento de sus misioneros. En fin, dondequiera que ha ido el Instituto, la Virgen de Luján ha ido con él, y ha difundido la devoción a ella. Fue nombrada oficialmente Patrona del Instituto en 2012. Como patrona de los misioneros de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, Nuestra Señora de Luján continúa su camino hacia tierras lejanas, atrayendo el corazón de todos los hombres y animándolos a acompañarla al pie de la Cruz, instrumento de la Redención y signo de la evangelización.
 
 

 

 
 

SANTOS DEL DIA:

San Bonifacio IV Papa
San Pedro de Tarantasia

 
 

 

San Bonifacio IV Papa

 

     VHijo de Juan, un médico, marso de la provincia y ciudad de Valeria; sucedió a Bonifacio III tras un paréntesis de unos nueve meses; consagrado el 25 de Agosto de 608; murió el 8 de Mayo de 615; (otras fuentes indican que fue consagrado el 15 de Septiembre de 608 y murió el 25 de Mayo de 615). En tiempos del Papa San Gregorio Magno fue diácono de la Iglesia romana y tuvo el cargo de dispensador, esto es, el primer funcionario en lo relativo a la administración de los patrimonios.

 

     Bonifacio obtuvo el permiso del emperador Focas para convertir el Panteón en una iglesia cristiana, y el 13 de Mayo de 609 el templo erigido por Agripa a Júpiter Vengador, a Venus, y a Marte fue consagrado por el Papa a la Virgen María y a todos los mártires.(De ahí el título de Santa María Rotunda). Fue el primer ejemplo en Roma de transformación de un templo pagano en lugar cristiano de culto. Se dice que veintiocho carretas de huesos sagrados fueron sacadas de las Catacumbas y colocadas en un recipiente de pórfido bajo el altar mayor.

 

     Durante el pontificado de Bonifacio, Melitón, el primer obispo de Londres, fue a Roma "a consultar al Papa sobre cuestiones importantes relativas a la recientemente establecida Iglesia de Inglaterra". Mientras estaba en Roma asistió a un concilio que se estaba celebrando entonces referente a ciertas cuestiones de "la vida y paz monástica de los monjes", y, a su partida, se llevó consigo los decretos del concilio junto con cartas del Papa a Lorenzo, arzobispo de Canterbury, y a todo el clero, al rey Etelberto, y a todo el pueblo inglés "referentes a lo que tenía que observarse por la Iglesia de Inglaterra". Los decretos del concilio hoy existentes son espurios.

 

     Entre 612 y 615, San Columbano, que entonces vivía en Bobbio, Italia, fue persuadido por Agilulfo, rey de los Lombardos, para que dirigiera a Bonifacio IV una carta sobre la condena de los "Tres Capítulos" que es notable a la vez por sus expresiones de exagerada deferencia y su tono de aspereza excesiva.

 

     En ella dice al Papa que está acusado de herejía (por aceptar el Quinto Concilio, esto es, el de Constantinopla, 553), y le exhorta a convocar un concilio y demostrar su ortodoxia. Pero la carta del impetuoso celta, que no captó la importancia del problema teológico implicado en los "Tres Capítulos", parece no haber perturbado lo más mínimo su relación con la Santa Sede, y sería erróneo suponer que Columbano se consideraba a sí mismo como independiente de la autoridad papal.

 

     Durante el pontificado de Bonifacio hubo mucha aflicción en Roma debido al hambre, la peste, y las inundaciones. El pontífice murió en retiro monástico (había convertido su propia casa en un monasterio) y fue enterrado en el pórtico de San Pedro. Sus restos fueron trasladados tres veces-en el Siglo X u XI, a fines del Siglo XII bajo Bonifacio VIII, y al nuevo San Pedro el 21 de Octubre de 1603.

 

ORACIÓN

Señor Jesús, por intercesión de San Bonifacio IV, te pedimos un corazón sencillo y generoso para servir a los más pobres. Que sepamos transformar nuestros espacios en templos de tu gloria y busquemos siempre la unidad de la Iglesia con humildad, haciendo el bien a todos nuestros hermanos.
San Bonifacio IV, tú que fuiste un servidor humilde y dedicado, ruega por nosotros. Amén.
 

 

San Pedro de Tarantasia

     San Pedro de Tarentaise, una de las glorias de la orden cisterciense, nació cerca de Vienne, en la provincia del Dilfinado. Desde joven, dio prueblas de una memoria extraordinaria y de gran inclinación a los estudios religiosos y a los 20 años, entró en la abadía de Bonnevaux. Con gran celo, abrazó la austeridad de la regla y edificó a cuantos le trataron, por su caridad, humildad y modestia. Al cabo de un buen tiempo, su padre, su madre y su única hermana tomaron el hábito en un convento cisterciense de los alrededores. Además de esos miembros de la humilde familia de San Pedro, muchos nobles abrazaron también la vida religiosa en Bonnevaux, movidos por el ejemplo del santo.

 
     Todavía no cumplía los 30 cuando fue elegido superior del nuevo convento de Tamié, en las solitarias montañas de Tarentaise. Con la ayuda de Amadeo III, conde de Saboya, que le tenía gran estima al santo, San Pedro fundó un hospital para los enfermos y forasteros, en el que asistía personalmente a sus huéspedes.
 
     En 1142, San Pedro fue elegido arzobispo de Tarentaise. El nuevo arzobispo encontró la arquidiócesis en un estado lamentable, por lo que decidió trabajar con mucho esfuerzo por el bienestar de ella. San Pedro visitaba constantemente su dióceis, recuperó las propiedades confiscadas, destinó a los mejores sacerdotes a las parroquias, fundó instituciones para la educación de la juventud y el socorro de los pobres y promovió la celebración de los divinos oficios en todas las iglesias.
 
 
     En 1155, después de 13 años de gobierno de su diócesis, desapareció sin dejar huella. Se había retirado a una lejana abadía cisterciense de Suiza, donde los monjes no le conocían y lo aceptaron como un hermano lego. Pero cuando sus superiores supieron la noticia, lo obligaron a regresar a su diócesis donde los feligreses lo recibieron con júbilo. San Pedro decidió entonces dedicarse a ella con mayor ahínco y celo apostólico, realizando múltiples obras en favor de ella.
 
En 1155, después de 13 años de gobierno de su diócesis, desapareció sin dejar huella. Se había retirado a una lejana abadía cisterciense de Suiza, donde los monjes no le conocían y lo aceptaron como un hermano lego. Pero cuando sus superiores supieron la noticia, lo obligaron a regresar a su diócesis donde los feligreses lo recibieron con júbilo. San Pedro decidió entonces dedicarse a ella con mayor ahínco y celo apostólico, realizando múltiples obras en favor de ella.
 
Debido a su fama de hábil pacificador, Alejandro III decidió enviarlo a negociar la reconciliación entre Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra. Aunque era ya bastante anciano, el santo partió y predicó durante todo el viaje. Durante el encuentro sostenido con ambos monarcas, el rey de Inglaterra le prodigó al santo de toda clase de honores; sin embargo, la paz no se produjo hasta después de la muerte del santo. Cuando volvía a su diócesis, San Pedro cayó enfermo cerca de Besanconm y murió cuando le transportaban a la abadía de Bellevaux. Su canonización se realizó en 1191

ORACIÓN A SAN
NUNCIO SULPRICIO

Oh Dios, en cuyo honor sucumbió el glorioso obispo San Pedro de Bellevaux bajo el peso de una ingente labor, haced, os lo suplicamos, que todos los que imploren su socorro consigan el saludable efecto de su pedido.

Oh, San Pedro, que siendo pastor supiste cuidar a los más necesitados y vivir en humilde caridad, intercede por mí para que, ante las dificultades de la vida, encuentre consuelo y solución a mis necesidades.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.