REGINA RORYS ORA PRO NOBYS - NON NOBIS DOMINE SED NOMINI TUO DA GLORIAM - STAT CRUZ DUM VOLVITUR ORBIS - CRUX SANCTI ATRIS BENEDICTI - CRUX SACRA SIT MIHI MUX - NON DRACO SIT MIHI DUX - PAX

 


Mes dedicado a María Santísima del Rocío: Purísima e Inmaculada Madre de Dios, Madre Nuestra; Auxiliadora de los cristianos consuelo de los afligidos Blanca Paloma. ¡OH María sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a ti!  REGINA RORYS, ORA PRO NOBIS


 
 

 

 

 

JUEVES 7  DE MAYO

 
 
 
 

ADVOCACIÓN MARIANA:

Nuestra Señora de la Cruz del Sur

Patrona de Australia desde 1844, destacada figura de la jornada mundial de la juventud realizada en Australia en 2008

 
 

 

ORACIÓN

 

     Oh, María Auxilio de los Cristianos, Patrona de Australia, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y la tierra, el refugio de los pecadores, nos consagramos a tu Corazón Inmaculado. A ti te consagramos nuestro país, nuestras familias, nuestros corazones, nuestras almas y todo lo que tenemos.

     Y para que esta consagración sea verdaderamente eficaz y duradera, renovamos hoy las promesas de nuestro Bautismo y Confirmación, nos comprometemos a vivir como buenos cristianos, fieles a Dios, la Iglesia y al Santo Padre. Deseamos rezar el Rosario, participar en la Santa Eucaristía, conceder especial importancia a los primeros sábados de cada mes y trabajar por la conversión de los pecadores.
 

     Además nos comprometemos, Oh Virgen santísima, a difundir celosamente la devoción a ti para que a través de nuestra consagración a tu Corazón Inmaculado y por intercesión de ti misma, la venida del Reino de Cristo en el mundo pueda ser acelerado. Amén.

     Olvidémonos, pues, de las fronteras y de las distancias. Hagamos esto no sólo porque la Iglesia es católica por universal sino, sobre todo, porque María es Madre nuestra, de todos los que nos consideramos hijos de Dios.

Nuestra Señora de la Cruz del Sur,
 Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros.

 

ORACIÓN

 

     Jesús a cada uno de nosotros nos pide llevar la cruz, una cruz que cuesta, que pesa, que es incómoda, pero que no cargamos solos porque Él y nuestros hermanos siempre están. Este es el verdadero camino de la paz, del diálogo y del encuentro con aquellos sembradores de paz. Que nuestra Madre María, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Cruz del Sur (Australia), interceda por nosotros.

 
     En 1606, el explorador portugués Pedro Ferdinandez de Quirós llegó a lo que hoy es Vanuatu, isla situada el oeste de Australia. Era la víspera de Pentecostés y, como era de esperar en un creyente católico procedió a cambiar lo que el consideraba que era la “Terra Australis Incognita” por el nombre de “Tierra Austral del Espíritu Santo”. No sólo hizo eso sino que, en justa correspondencia con el amor que sentía por María, la Madre de Dios, dedicó el descubrimiento y, así, aquellas tierras, a quien es Auxilio de los cristianos.
 
     Pasados más de dos siglos, fue proclamada Patrona de Australia a quien se denomina Nuestra Señora de la Cruz del Sur. Corría el año 1844 cuando se tomó tal determinación, siendo la razón de tal advocación la constelación de estrellas que se ve sólo desde el hemisferio sur y que se recoge en la imagen de María con el niño. No tiene, por decirlo así, esta advocación de la Virgen María, ningún tipo de apariciones como, por ejemplo, sucedió en Fátima, Lourdes o en otros lugares del mundo; tampoco, por ejemplo, especiales intervenciones para llevar a cabo sanaciones de enfermedades. Sin embargo, como auxilio de los cristianos, María Auxiliadora, sí que, podemos decir, ha de interceder por aquellos católicos australianos que invoquen su intercesión como, con toda seguridad, hacen miles de creyentes de aquellas tierras.
 
 
 

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SANTOS DEL DIA:
SANTA FLAVIA DOMITILA
BEATA MARÍA DE SAN JOSÉ

 
 

 

Santa Flavia Domitila

     En Roma, conmemoración de santa Domitila, mártir, que, siendo hija de la hermana del cónsul Flavio Clemente, fue acusada durante la persecución bajo el emperador Domiciano de haber renegado de los dioses paganos y, por ello, por su fe en Cristo, junto con otros muchos cristianos fue desterrada a la isla de Ponza, en el Lacio, en la que padeció un prolongado martirio (s. I/II). Etimológicamente: Flavia = Aquella de cabellos dorados, es de origen latino.

 

     El emperador es Vespasiano. Flavio Clemente es su sobrino, está casado con Flavia Domitila, se han hecho cristianos y es cónsul en el año 95. Tiene dos primos carnales que son Tito y Domiciano que, al no tener descendencia directa masculina, deberían dejar su puesto a uno de los hijos de Flavio Clemente según el derecho romano; poco faltó para que la Iglesia tuviera en el primer siglo un emperador cristiano, pero no sólo no fue así, sino que el emperador Domiciano desató una violenta persecución.

 

     No distinguían muy bien por aquel entonces los que mandaban en Roma entre judíos y cristianos; los llaman simplemente paganos porque ni unos ni otros adoraban imágenes por seguir los Libros Santos. Vespasiano y Tito habían hecho la guerra y destruido la Ciudad Santa; los judíos y cristianos -que para ellos es igual- deben pagar impuestos. Como las cuentas cantan, Domiciano advierte por el monto de la recaudación el gran número de paganos que hay en el Imperio y ve que están presentes en todos los estamentos. Piensa que la depuración étnica se impone y Flavio Clemente, entre muchos, es denunciado -dice Suetonio «con acusaciones muy endebles»- y martirizado junto con su mujer o quizá ésta fuera mandada al destierro a la isla de Pandataria, como era costumbre entre los romanos para la gente noble. Así se concluyen los datos que proporciona la historia bien documentada.

 
Pero así como la historia ofrece unos datos seguros y fiables, la leyenda marca el paso de la historia a la ficción en la historia novelada para gusto y edificación de los cristianos cuando se habla de Flavia Domitila. Más que admitir la existencia de dos Flavias en el mismo tiempo y lugar, según los datos que se tienen, parece lo más probable y sensato aceptar la lectura en novela de la mártir Flavia Domitila, desdoblada. Así nos encontramos con una novela de altos vuelos literarios en la que, con la base firme de la existencia de una mártir perteneciente a la más alta nobleza, se narra el destierro de Flavia, joven prometida de un joven pagano llamado Aureliano; los soldados Nereo y Aquileo, terminan por convencer a la novia para que acepte la virginidad rechazando la boda prevista. Se anota la esperada reacción violenta del joven pagano despreciado: denuncia como cristiana a la novia y la destierran a la isla de Poncia. La imaginación del autor hace intervenir al papa Clemente consagrando la virginidad de Flavia Domitila. Hay enredos entre amigos de la magia y adivinación por una parte y testigos que narran lo que pasó entre Pedro y Simón, el mago, por otra.
 
La protagonista que ocupa el centro del relato es un ejemplo de pulcritud y sensatez, mantiene el nervio de la historia con la valentía del seguimiento a Jesús ante la autoridad constituida, apareciendo también momentos de dudas que mantienen el suspense sobre los inciertos resultados de su elección, y ¡cómo no! su apostolado. Se desarrolla abundante doctrina para proclamar -en demasía- la excelencia de la virginidad sobre el matrimonio. El guión no está exento de elementos dramáticos que mantienen la atención de los lectores y oyentes con los enredos de seducción por parte de Aureliano, que acaba dramáticamente muerto por la decepción y el rechazo. También se condenan las orgías propias del tiempo y la vanagloria de quien no tiene más perspectiva que la vida presente. La vuelta del destierro, además de poner fin a la preciosa novela ejemplar, sirve para describir el martirio con formas adecuadas al estilo del relato: Flavia Domilitila y sus dos sirvientas neoconversas por su ejemplo y palabras -también vírgenes cristianas- acaban quemadas vivas en su propia casa de Terracina por denuncia de paganos.

ORACIÓN

Padre todopoderoso, por gracia tuya
la fuerza se realiza en la debilidad;
por eso te pedimos que a cuantos
celebramos el triunfo de tus mártires
santa Flavia y compañeras, nos concedas el don de fortaleza con el que ellas salieron vencedoras en el martirio.  Por nuestro Señor Jesucristo.Amén
 

 

Beata María de San José

     Primogénita de cuatro hermanos, la MADRE MARÍA DE SAN JOSÉ (LAURA ALVARADO CARDOZO)venezolana, nació en el pintoresco pueblo de Choroní, estado Aragua, el 25 de abril de 1875. Sus padres, Clemente y Margarita, con el fin de dar una buena educación a sus hijos, se trasladaron a Maracay, donde Laura realizó sus estudios. Dotada de inteligencia precoz y de una bondad de carácter poco común, era propuesta corno modelo de alumnas. Recordando sus tiempos de estudiante, escribirá en su diario: «Esos felices días los tengo muy presentes y los veo limpios de pecado». Se consagra al Señor Laura deseaba consagrarse a Dios en un convento de clausura. Al impedírselo las circunstancias, solicitó el permiso de su confesor y el 8 de diciembre de 1892, a la edad de 17 años, hizo voto de perpetua virginidad. Este día lo celebraría a lo largo de toda su vida, al igual que el 13 de octubre, en que fue bautizada, con una jornada de retiro espiritual. Ya desde entonces no tenía otro ideal que el de la santidad: «Quiero ser santa, pero santa de verdad». «Jesús mío, el ideal que persigo eres tú y sólo tú».

     La llegada a Maracay en 1892 del párroco Vicente López Aveledo fue providencial. En la ciudad se había desencadenado una terrible epidemia que sembró el luto y la desolación en las familias. El párroco
invitó a la joven Laura a colaborar en el pequeño hospital que acababa de abrir para atender a las víctimas de la epidemia: la respuesta de Laura fue entusiasta. Se trasladó a vivir al hospital y se entregó de lleno al servicio de los enfermos. Su labor fue tan eficaz que se le confió su dirección. En él era la animadora del grupo de jóvenes voluntarias conocidas corno las «Samaritanas». Fundadora de las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús Pero Laura no se contentaba con el bien que hacía en el hospital.

     Deseaba fundar un Instituto dedicado a los ancianos y a los huérfanos y sus «Samaritanas» estaban dispuestas a seguirla. Con licencia del vicario general de Caracas, monseñor Juan Bautista Castro, el 11 de febrero de 1901 el grupito de Samaritanas visten el hábito agustino y adoptan el título de « Hermanas de los Pobres de San Agustín», nombre que más tarde cambiarán por el de «Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús». El mismo Mons. Castro nombró a Laura superiora del nuevo Instituto, cargo que conservará hasta el año 1960. El 22 de enero de 1902 Laura ratifica su voto de virginidad y el 13
de septiembre del año siguiente pronuncia los votos perpetuos de pobreza, obediencia y castidad. En la profesión cambió su nombre por el de Maria de San José.

     Los que nadie quiere recibir, ésos son los nuestros En 1905 fundó en Maracay la primera casa para huérfanas. A ella siguieron otras fundaciones a un ritmo acelerado. La Madre María, como otra santa Teresa de Jesús, se convierte en una andariega de Dios, acudiendo solícita allá donde surgía una necesidad. Caracas, Barquisimeto, La Victoria, Valencia, Coro, Maracaibo, Puerto Cabello y otras muchas ciudades y pueblos son testigos de la abnegación de esta monja enjuta, con cara de asceta y de mística, aparentemente débil y enfermiza, pero llena de intrepidez y de una caridad que no conoce límites. En pocos años y sin medios económicos, logra levantar más de 30 fundaciones. Son casas sencillas y pobres. En ellas encuentran delicada acogida los más desvalidos de la sociedad: «Los desechados de todos, son los nuestros; los que nadie quiere recibir, ésos son los nuestros», decía a sus religiosas. Y sus hijas seguirán fielmente este lema.

     La Madre María supo unir en sí las figuras evangélicas de Marta y Maria. El trabajo y la oración convivieron en ella perfectamente integrados. De día estaba siempre al lado de los pobres, y de las niñas
huérfanas, pero de noche pasaba largas horas ante el sagrario en intimo coloquio con Jesús. De estas horas de contemplación sacaba la fuerza que luego prodigaba en favor de los más débiles. Por su amor a la Eucaristía, se comprometió a confeccionar con sus propias manos las hostias que se consumían en Maracay y en las parroquias vecinas; al final de sus días confeccionaba miles y miles de
hostias y las distribuía gratuitamente a los sacerdotes. Recomendó a sus hijas que siguieran prestando este servicio gratuitamente, como lo vienen haciendo.

     Últimos años En 1960, corno era su deseo, fue sustituida en su cargo de superiora general y se retiró a su querida casa «Hogar» de Maraca para pasar los últimos años de su vida dedicada a la oración, a si
huerfanitas y a los trabajos más humildes. Tras una larga enfermedad, se consumió con gran paz y serenidad el día 2 de abril de 1967. Venezuela, y sobre todo la ciudad Maracay, había perdido a una de sus hijas más ilustres. Maracay decretó luto ciudadano. Millares de devotos acudieron a honrarla de diversas partes de Venezuela. Durante el cortejo fúnebre una escuadrilla de aviones lanzó pétalos de rosas sobre multitud. Sepultada al pie del altar de la capilla del asilo, su sepulcro se ha convertido en meta incesante de peregrinos, sobre todo después de haberse difundido el gran número de gracias concedidas por su intercesión.

      La Madre Maria, que dedico su larga existencia al cuidado de los ancianos y de los niños desamparados en los que veía la figura de Cristo, nos ha dejado un mensaje de perenne actualidad: dar acogida a los más pobres, a los más débiles, a los marginados, cc el mismo amor con que ella los acogía. Fue beatificada por Juan Pablo II el 7 de mayo de 1995, siendo la primera venezolana que ha sido beatificada. La Familia Agustiniana celebra su memoria el día 7 de mayo.

 

ORACIÓN A SAN
NUNCIO SULPRICIO

Primogénita de cuatro hermanos, Laura Elena Alvarado Cardozo nació en Choroní, Aragua, Venezuela, el 25 de abril de 1875. Inclinada desde niña a la piedad y a servir a los pobres, a la edad de 17 años hizo voto de virginidad y se dedicó al servicio de los enfermos en un hospital fundado en Maracay por el párroco Vicente López Aveledo.

 Con la ayuda de éste fundó en 1901 una congregación religiosa que más tarde tomaría el nombre de Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús. Preocupada por la pobreza y el abandono de la gente sencilla, abrió en Venezuela centros de acogida para huérfanas y ancianos abandonados. "Los desechados de todos -decía a sus religiosas- ésos son los nuestros".

Rigió la congregación como superiora general hasta el año 1960. Murió con fama de santidad el 2 de abril de 1967. Fue beatificada el 7 de mayo de 1995 por Juan Pablo II.