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ORACIÓN
a
Nuestra
Señora de los Reyes |
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«Virgen Santísima
Madre de Jesús y
Señora de Sevilla,
que invocada con el
título de Nuestra
Señora de los Reyes,
has venido
dispensando a esta
ciudad y
archidiócesis, una
protección singular.
Hoy al recurrir a Ti
en el homenaje de
todos los sábados,
te pedimos nos
libres, nos protejas
y nos ayudes a
parecernos a Ti,
preparando por medio
de tu reinado entre
nosotros el reinado
prometido por tu
Hijo Jesucristo,
Nuestro Señor. Así
sea». |
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A tus plantas se
postra Sevilla por
rendirte homenaje y
loor. Gloria, gloria
a Ti, Virgen de los
Reyes, que nos riges
con cetro de amor.
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Gloria, gloria a Ti,
Virgen de los reyes,
gloria a ti, ¡Oh,
Reina de amor! Tuyo,
Señora, nuestro
hogar y tuyos
nuestros amores.
Nuestra oración tus
flores, y nuestro
pecho tu altar.
Reina aquí, pues tu
Sevilla, que
Fernando conquistó.
A Ti, Virgen de los
Reyes, por patrona
te aclamó. |
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Es patrona de
Sevilla y su
archidiócesis. Su
fiesta es celebrada
por la Iglesia
católica el día 15
de agosto, día de la
Asunción de la
Virgen María, con
una multitudinaria
procesión por las
calles de la ciudad.
Fue coronada
canónicamente en el
año 1904, siendo la
primera Imagen de
Andalucía en obtener
dicha distinción y
la segunda de
España. |
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Es de madera de
alerce, de estilo
románico, del siglo
XIII, de gran tamaño
(1,77 metros de
altura) y aspecto
regio. Sentada en un
trono, lleva al Niño
en sus rodillas. La
Virgen porta bastón
de mando, medalla de
la ciudad de Sevilla
y fajín de Capitán
General. El paso es
de litera o tumbilla
(palio sostenido
sólo por cuatro
varales), realizado
por Juan Talavera en
el año 1914. La cara
de la Virgen es una
cara preciosa, plana
redondeada, con unas
facciones muy
chatas, ojos
hundidos, y con una
sonrisa que
transmite una
sensación de paz y
alegría que no
pueden dejarte
indiferente. El Niño
tiene cara de pillo,
una cara vivaz,
sentado en las
rodillas de su
Madre. La zapatilla
de la Virgen es una
zapatilla rasa, y al
quitarse se
vislumbra que no
tiene dedos. El pelo
de la Virgen está
formado por hilos de
oro, que resultan
muy difíciles de
peinar. Esos hilos
se cogen uno por
uno, procurando
ordenar el pelo
haciéndole unas
trenzas. El niño
Jesús tiene unos
zapatitos de plata
con unos calcetines
blancos a media
pierna muy
graciosos. Las
hermanas de Sor
Angela de la Cruz
(canonizada por Juan
Pablo II que duermen
una noche sí y otra
no), y esa noche que
no duermen se
dedican al cuidado
de pobres y
enfermos, saliendo
por parejas por las
noches a encargarse
de los pobres, una
habla y la otra
reza), se encargan
de su cuidado. En el
retablo de la
Capilla Real donde
se venera, campean
las palabras de la
Escritura: Per me
reges regnant, por
mí reinan los Reyes.
A sus píes reposan
los restos de San
Fernando. |
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Fernando III el
Santo tenía puesto
cerco a la ciudad,
en la que acabaría
entrando el día de
San Clemente de
1248. Quería
entronizar alguna
imagen de la Virgen
en cuanto
convirtiera la
mezquita mayor, con
su maravillosa torre
que luego llamaría
Giralda, en templo
cristiano. En el
arnés de su caballo
llevaba durante toda
la campaña una
imagen de la Virgen
, pero era de
pequeño tamaño.
Decidió convocar un
concurso con los
mejores escultores y
se presentaron dos
jóvenes, que se
retiraron a la torre
de los Herberos para
trabajar en la
escultura. Cuando
San Fernando mandó
indagar sobre la
marcha del trabajo
de los escultores,
se encontró allí una
imagen preciosa de
Santa María, pero
sin rastro de los
jóvenes. Más tarde
se supuso que eran
dos ángeles que
fueron enviados
desde el cielo para
ese singular
cometido. Se cuenta
también que la
imagen fue fruto de
un regalo de San
Luis, Rey de
Francia, a su primo
San Fernando, de ahí
que tenga una corona
francesa. |
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Su fiesta: Por la
mañana de cada 15 de
agosto, la Virgen de
los Reyes sale de la
Catedral con todo el
esplendor, después
de una
multitudinaria Misa
de Alba, a la que
acuden andando desde
todos los pueblos
cercanos a la
capital. No es una
procesión como otras
de Sevilla, porque
no es una imagen más
de las muchas y
preciosas que hay en
la ciudad que se
tiene por capital de
la Tierra de María
Santísima. Es la
patrona indiscutible
e indiscutida de
Sevilla y de su
Archidiócesis.
En la procesión se
puede decir que
todos los sentidos
humanos se conmueven
ante tanta belleza.
La vista se recrea
en el maravilloso
paso que lleva a la
Virgen que,
verdaderamente,
sonríe a la multitud
que aplaude
enardecida. El oído
recoge el doblar
alegre de todas las
campanas de la
Giralda, mezclado
con las notas
solemnes de la
Marcha Real, como
corresponde a la
Reina, mientras el
ejército presenta
armas. El olor del
incienso se mezcla
con el de los nardos
que adornan el paso
y los paladares
intentan superar la
emoción que sube
desde las gargantas.
Y los cuerpos,
oprimidos por la
multitud, notan
ciertamente que todo
Sevilla se abraza en
aquel mar de
corazones y de
almas. Se saca sólo
un día en procesión,
el 15 de agosto. Le
dan una vuelta el
mismo día del año,
siempre a la misma
hora, y la gente
pendiente de que el
sol incida sobre el
rostro de la Virgen,
una vez vislumbran
esa imagen del sol
reflejado en la cara
de la Virgen, el
pueblo rompe a
aplaudir. El manto
que le regaló Isabel
II es rojo con
leones y castillos.
El besamanos a la
Virgen, que está
sentada en una
jamuga, se expone
los días 4, 5, 20 y
21 de agosto. La
gente reza el
Rosario mientras
espera durante largo
tiempo para besar la
mano. En una
ocasión, una señora
que se acercó al
besamanos llevando a
su hijo en brazos,
al ver que la Virgen
no tenía al Niño (se
quita al niño para
que la gente pueda
besar la mano a la
Virgen) dijo:
«¿Dónde está el Niño
de la Virgen? ¿Que
no tienes niño? Toma
el mío!» Y le plantó
el suyo propio para
que no le faltara
niño. |
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