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ADVOCACIÓN MARIANA: |
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Nuestra Señora de Pompei |
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Nuestra Señora de Pompeya (POMPEI)
la virgen de los emigrantes
italianos residentes en
Venezuela |
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En Caracas se venera
a Nuestra Señora de
Pompei en una
representación
pictórica que fue
enviada en donación
por el papa Pío XII
como patrona de los
italianos residentes
en Venezuela, bajo
el título de la
Madonna di Pompei.
Su arribo a las
tierras venezolanas
tuvo lugar en una de
las fechas más
importantes de la
historia reciente
del país: el 23 de
enero de 1958,
cuando el pueblo
desplazó del poder
el gobierno
dictatorial de
Marcos Pérez
Jiménez. Por este
motivo, el cuadro
fue entregado
discretamente al
Nuncio Apostólico,
monseñor Rafael
Formi, quien lo puso
a buen resguardo
para ofrecerlo a la
comunidad italiana
en un momento más
adecuado. |
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El culto
italo-venezolano a
Nuestra Señora de
Pompei recibió su
mayor impulso de los
padres misioneros
scalabrinianos, así
llamados en honor
del beato Juan
Bautista Scalabrini.
El 2 de octubre de
1958 arribó el
primer scalabriniano
a Venezuela, el
padre Giovanni
Simonetto, quien
comenzó a
administrar la
eucaristía en la
iglesia del
municipio Chacao, en
Caracas, frecuentada
por los italianos.
En 1959 los
misioneros
recibieron la imagen
de Nuestra Señora de
Pompei. |
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La primera capilla
en honor de la
Madonna di Pompei se
inauguró el 4 de
octubre de 1960 y en
1967 comenzaron los
trabajos para la
edificación de un
nuevo templo. La
iglesia de Nuestra
Señora de Pompei,
inaugurada en 1969,
brinda a los fieles
cobijo en el
incesante
peregrinaje
espiritual del
hombre sobre la
Tierra. |
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LA HISTORIA |
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En el año 79 una
conocida erupción
tuvo lugar del
volcán del Monte
Vesubio que sepultó
a la pagana ciudad
de Pompeya en el
valle del mismo
nombre, a sur de
Italia. Siglos
después la población
ahí era escasa y
después de 1860,
sólo una minoría
practicaba la fe
católica, pues la
ignorancia y la
superstición habían
ido carcomiendo
cultura y la fe por
lo que muy pocas
personas practicaban
y asistían a los
servicios religiosos
en la pequeña
capilla comunitaria
y desde el
fallecimiento del
sacerdote, la
feligresía había
disminuido más. El
Abogado Barolo Longo
llegó a Pompeya a
trabajar dándose
cuenta de la pobreza
espiritual de los
locales, comenzando
a promover y
difundir el rezo del
rosario y hasta se
encargó de mandar a
hacer la imagen cuya
réplica está en
Caracas donada poro
Monseñor Forni. Su
nombre formal es
Nuestra Señora del
Rosario de Pompeya (Pompei). |
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SUPLICA A LA VIRGEN DE POMPEI |
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En el nombre del
Padre, y del Hijo, y
del Espíritu Santo.
Amén. |
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¡Oh augusta Reina de
las Victorias, oh
Virgen soberana del
Paraíso!, cuyo
nombre poderoso
alegra los cielos y
hace temblar de
terror a los
abismos. ¡Oh
gloriosa Reina del
Santísimo Rosario!,
nosotros, los
venturosos hijos
vuestros, postrados
a vuestras plantas
-en este día
sumamente solemne de
la fiesta de
vuestros triunfos
sobre la tierra de
los ídolos y de los
demonios-,
derramamos entre
lágrimas los afectos
de nuestro corazón,
y con la confianza
de hijos os
manifestamos
nuestras
necesidades. |
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Desde ese trono de
clemencia donde os
sentáis como Reina,
volved, ¡oh María!,
vuestros ojos
misericordiosos a
nosotros; a nuestras
familias, a nuestra
nación, a la Iglesia
Católica, al mundo
todo, y apiadaos de
las penas y
amarguras que nos
afligen. Mirad, ¡oh
Madre!, cuántos
peligros para el
alma y cuerpo nos
rodean; cuántas
calamidades y
aflicciones nos
agobian. Detened el
brazo de la justicia
de vuestro Hijo
ofendido, y con
vuestra bondad
subyugad el corazón
de los pecadores,
pues ellos son
nuestros hermanos e
hijos vuestros, que
al dulce Jesús
costaron sangre
divina y a vuestro
sensibilísimo
Corazón indecibles
dolores. Mostraos
hoy para con todos
Reina verdadera de
paz y de perdón.
Dios te salve, Reina
y Madre... |
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En verdad, en
verdad, Señora,
nosotros, aunque
hijos vuestros, con
las culpas cometidas
hemos vuelto a
crucificar en
nuestro pecho a
Jesús y traspasar
vuestro tiernísimo
Corazón. Si, lo
confesamos, somos
merecedores de los
más grandes
castigos; pero tened
presente, oh Madre,
que en la cumbre del
Calvario recibisteis
las últimas gotas de
aquella sangre
divina y el postrer
testamento del
Redentor moribundo;
y que aquel
testamento de un
Dios, sellado con su
propia sangre, os
constituía en Madre
nuestra, Madre de
los pecadores. Vos,
pues, como Madre
nuestra, sois
nuestra Abogada y
nuestra Esperanza. Y
por eso nosotros,
llenos de confianza,
entre gemidos,
levantamos hacia Vos
nuestras manos
suplicantes y
clamamos a grandes
voces:
¡Misericordia, oh
María, misericordia! |
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Tened, pues, piedad,
¡oh Madre
bondadosa!, de
nosotros, de
nuestras familias,
de nuestros
parientes; de
nuestros amigos, de
nuestros difuntos,
y, sobre todo, de
nuestros enemigos y
de tantos que se
llaman cristianos y,
sin embargo,
desgarran el amable
Corazón de vuestro
Hijo. Piedad
también, Señora,
piedad, imploramos
para las naciones
extraviadas, para
nuestra querida
patria y para el
mundo entero, a fin
de que se convierta
y vuelva arrepentido
a vuestro maternal
regazo.
¡Misericordia para
todos, oh Madre de
las misericordias!
Dios te salve, Reina
y Madre... |
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¿Qué os cuesta, oh
María, escucharnos,
qué os cuesta
salvarnos? ¿Acaso
vuestro Hijo divino
no puso en vuestras
manos los tesoros
todos de sus gracias
y misericordias? Vos
estáis sentada a su
lado con corona de
Reina, rodeada de
gloria inmortal
sobre todos los
coros de los Angeles.
Vuestro dominio es
inmenso en los
cielos, y la tierra
con todas las
criaturas os está
sometida. Vuestro
poder, ¡oh María!,
llega hasta los
abismos, puesto que
Vos, ciertamente,
podéis librarnos de
las asechanzas del
enemigo infernal.
Vos, pues, que sois
todopoderosa por
gracia, podéis
salvarnos; y si Vos
no queréis
socorrernos por ser
hijos ingratos e
indignos de vuestra
protección,
decidnos, a lo
menos, a quién
debemos acudir para
vernos libres de
tantos males. ¡Ah!,
no: vuestro Corazón
de Madre no
permitirá que se
pierdan vuestros
hijos. Ese divino
Niño, que descansa
sobre vuestras
rodillas, y el
místico Rosario que
lleváis en la mano
nos infunden la
confianza de ser
escuchados, y con
tal confianza nos
postramos a vuestros
pies, nos arrojamos
como hijos débiles
en los brazos de la
más tierna de las
madres, y ahora
mismo, sí, ahora
mismo, esperamos
recibir las gracias
que pedimos. Dios te
salve, Reina y
Madre... |
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PIDAMOS A MARÍA SU
SANTA BENDICIÓN |
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Otra gracia más os
pedimos, ¡oh
poderosa Reina!, que
no podéis negarnos
en este día de tanta
solemnidad.
Concedednos a todos,
además de un amor
constante hacia Vos,
vuestra maternal
bendición. No, no
nos retiraremos de
vuestras plantas
hasta que nos hayáis
bendecido. Bendecid,
¡oh María!, en este
instante al Sumo
Pontífice. A los
antiguos laureles e
Innumerables
triunfos alcanzados
con vuestro Rosario,
y que os han
merecido el título
de Reina de las
Victorias, agregad
este otro: el
triunfo de la
Religión y la paz de
la trabajada
humanidad. Bendecid
también a nuestro
Prelado, a los
Sacerdotes y a todos
los que celan el
honor de vuestro
Santuario. Bendecid
a los asociados al
Rosario Perpetuo y a
todos los que
practican y
promueven la
devoción de vuestro
Santo Rosario. |
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Por celebrarse el Domingo 3 el día
del velorio de la "Santa Cruz de
Mayo" se traslado la fiesta de
los Santos Felipe y Santiago el
menor a este día. En este espacio la
dejamos en su sitio habitual del
santoral. |
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SANTOS DEL DIA:
Beato Ceferino Jiménez Maya |
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EL SANTO GITANO: |
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Ceferino Jiménez
Malla es el
primer mártir
gitano de la
historia de la
Iglesia,
beatificado por
Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997. Su
padre, Juan Jiménez, el
Tics, acabó huyendo de casa,
y su madre, Teresa, “pedía
limosna”. En sus viajes por
los Monegros (montes negros
de Aragón), Ceferino llegó a
conocer aun bandido apodado
"Cucaracha" de nombre de
pila Mariano Gavín,
que robaba a los ricos y
socorría a los pobres.
Varias veces, conmovido por
el hambre del gitanillo, lo
invitó a comer con él. Era
analfabeto, pero muy
inteligente y de una memoria
feliz. Se bautizó en Fraga.
Aprendió a fabricar cestas,
cañizos, canastas y
espuertas con cañas y sarga,
especie de mimbres
ribereños. A sus
dieciocho años, Ceferino se
casó con la gitana Teresa
Giménez Castro. Tres años
más tarde nació su otro
hermano, Felipe, el Menino.
El Pelé era un mocetón
robusto; tenía dientes
pequeños, muy fuertes, que
conservó hasta su vejez. Fue
un rasgo hereditario, porque
un pariente suyo lograba
torcer con los dientes una
cuchara metálica. Su nieta
Maruja recuerda haber oído
rezar en catalán a un
anciano tío de su padre. “Yo
soy medio catalán, medio
aragonés”, decía El Pelé.
Hablaba caló, lengua pura de
los gitanos, muy afín a las
que hablan en la India
occidental. |
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La marcha de su
padre fue
un verdadero
trauma para la
familia. Al
Pelé, como hijo
mayor, le
correspondió
hacer de
patriarca de la
familia.
Ceferino vivió
en Fraga y en
Alcolea de
Cinca, donde
dejó recuerdos
de hombre de
bien, gitano
honesto y
religioso. A
comienzos de
siglo se
estableció en
Barbastro, en el
modesto barrio
de San Hipólito.
El Pelé llamó la
atención
enseguida por su
honradez en los
tratos con
caballerías.
Alquiló una casa
en aquel barrio
de familias
humildes. El
Pelé no tuvo
hijos en su
matrimonio,
aunque en 1909 o
1910 adoptaron
una niña,
Josefina
Jiménez, la
Pepita, sobrina
de Teresa,
nacida en Catarroja, Valencia. Le
dieron una educación
esmerada. En 1912, El Pelé
se casó por la Iglesia, en
Lérida, para no llamar la
atención. Por 1915 se
empieza a advertir en
Barbastro la profunda
religiosidad del gitano
(“Iba a misa cada día entre
las seis y siete de la
mañana”). |
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Un hecho cambió
la fortuna del
Pelé. Rafael
Jordán, ex
alcalde de
Barbastro,
estaba minado
por la
tuberculosis.
Paseando por el
Coso, “junto al
abrevadero”, le
acometió una
hemoptisis, un
vómito de
sangre. La gente
no se atrevía a
acercársele, por
temor al
contagio. Lo vio
El Pelé y se
precipitó sobre
él. Sacó su
pañuelo limpio,
lo mojó en un
caño de la
fuente y le
limpió la cara y
la boca de
sangre. Luego,
lo levantó con
sus robustos
brazos, lo animó
y lo condujo a
casa. Aquel
gesto samaritano
se divulgó por
el vecindario.
Simón, hermano
de Rafael, que
tenía negocios
de vinos y
licores, llamó
un día al Pelé y
le propuso en
recompensa un
negocio: traer
de Francia un
vagón de mulas
que el Gobierno
francés estaba
liquidando,
acabada la
Guerra Europea,
en 1918. Le dio
dinero abundante
y El Pelé compró
en la frontera
las mulas, que
fue vendiendo
por Jaca, Huesca
y el Somontano.
Quiso devolverle
a Simón el
préstamo y la
mitad de las
ganancias, pero
él no se lo
permitió.
Habiendo pasado
de pobre a rico,
Ceferino compró
la casa donde ya
vivía, la
embelleció,
montó una cuadra
por lo grande y
decidió ser la
providencia
visible de los
necesitados.
“Era como el
alcalde de los
gitanos.”
Intervenía en
los pequeños
conflictos de
gitanos y payos.
En los inviernos
del somontano
salía a caballo
con su amigo El Ferruchón a
llevar socorro, víveres y
dinero a los gitanos de toda
la comarca: Azlor, Abiego,
Azara, Peralta, Hoz...
Ayudaba a familias bajo el
puente, a gitanas con niños
en la miseria o recién
nacidos y todo lo hacía con
mucha discreción, a
escondidas. “Nos enterábamos
porque los pobres nos lo
contaban.” Teresa, su mujer,
empezó a alarmarse, y con
razón. |
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Hizo una gran
amistad con un
abogado de
valía,
catedrático de
Derecho y cónsul
de Venezuela,
Nicolás Santos
de Otto, a cuyos
hijos éste
educaba y
alegraba con sus
relatos. Santos
de Otto lo
defendió cuando
lo acusaron
falsamente de
haber robado
unas mulas.
Conoció también
El Pelé a
Joaquín Costa y
al oírle hablar
de la nueva
política
hidráulica, de
canales y
pantanos que
necesitaba
España, pedía a
gitanos y payos
que lo votasen.
En 1922 quedó
viudo. Sólo le
quedaba Pepita,
de diecisiete
años; ocho meses
después arregla
su matrimonio
con Juan Alfredo
Jiménez Gabarre,
apodado el Lisardo. De ellos
descienden las nietas y
biznietas del Pelé, que
asistieron a su
beatificación. Les entregó
el piso y él vivió en otro
alquilado por Santos de
Otto. Las nietas querían ir
con él, y Maruja, la mayor,
veía cómo por la noche
rezaba con una vela ante el
retrato de su mujer, y
lloraba. Se adhirió a la
Adoración Nocturna y se
inscribió en la Orden
Tercera Franciscana. Rezaba
el rosario hasta por la
calle y se entregó a la
catequesis de los niños. Los
llevaba de excursión hacia
la Boquera y les contaba
historias de la Biblia y
episodios nacionales. Tenía
un don especial con los
pequeños. Se ponía a su
altura, se arrodillaba
incluso para hablarlos. Iba
con sus nietas a la
exposición del Santísimo y,
al cantar, le veían correr
las lágrimas. |
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Te pedimos
Padre que
siguiendo el
testimonio
de Ceferino,
llevemos
nuestra cruz
de cada día
con gran
confianza en
vos
transformándola
en fuente de
vida, y
sepamos ser
fieles a tu
amor en los
momentos de
dolor y
dificultad.
seguirme,
que renuncie
a sí mismo,
tome su cruz
y me siga.. |
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