REGINA RORYS ORA PRO NOBYS - NON NOBIS DOMINE SED NOMINI TUO DA GLORIAM - STAT CRUZ DUM VOLVITUR ORBIS - CRUX SANCTI ATRIS BENEDICTI - CRUX SACRA SIT MIHI MUX - NON DRACO SIT MIHI DUX - PAX

 


Mes dedicado a María Santísima del Rocío: Purísima e Inmaculada Madre de Dios, Madre Nuestra; Auxiliadora de los cristianos consuelo de los afligidos Blanca Paloma. ¡OH María sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a ti!  REGINA RORYS, ORA PRO NOBIS


 
 

 

 

 

LUNES 4 DE MAYO

 
Primer domingo del mes de mayo, día de las madres en España - V Domingo de Pascua
 
 
 
 

ADVOCACIÓN MARIANA:

Nuestra Señora de Pompei

Nuestra Señora de Pompeya (POMPEI)  la virgen de los emigrantes italianos residentes en Venezuela

 
 

 
 
 
     En Caracas se venera a Nuestra Señora de Pompei en una representación pictórica que fue enviada en donación por el papa Pío XII como patrona de los italianos residentes en Venezuela, bajo el título de la Madonna di Pompei. Su arribo a las tierras venezolanas tuvo lugar en una de las fechas más importantes de la historia reciente del país: el 23 de enero de 1958, cuando el pueblo desplazó del poder el gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Por este motivo, el cuadro fue entregado discretamente al Nuncio Apostólico, monseñor Rafael Formi, quien lo puso a buen resguardo para ofrecerlo a la comunidad italiana en un momento más adecuado.
 
     El culto italo-venezolano a Nuestra Señora de Pompei recibió su mayor impulso de los padres misioneros scalabrinianos, así llamados en honor del beato Juan Bautista Scalabrini. El 2 de octubre de 1958 arribó el primer scalabriniano a Venezuela, el padre Giovanni Simonetto, quien comenzó a administrar la eucaristía en la iglesia del municipio Chacao, en Caracas, frecuentada por los italianos. En 1959 los misioneros recibieron la imagen de Nuestra Señora de Pompei.
 
     La primera capilla en honor de la Madonna di Pompei se inauguró el 4 de octubre de 1960 y en 1967 comenzaron los trabajos para la edificación de un nuevo templo. La iglesia de Nuestra Señora de Pompei, inaugurada en 1969, brinda a los fieles cobijo en el incesante peregrinaje espiritual del hombre sobre la Tierra.
 
     LA HISTORIA
     En el año 79 una conocida erupción tuvo lugar del volcán del Monte Vesubio que sepultó a la pagana ciudad de Pompeya en el valle del mismo nombre, a sur de Italia. Siglos después la población ahí era escasa y después de 1860, sólo una minoría practicaba la fe católica, pues la ignorancia y la superstición habían ido carcomiendo cultura y la fe por lo que muy pocas personas practicaban y asistían a los servicios religiosos en la pequeña capilla comunitaria y desde el fallecimiento del sacerdote, la feligresía había disminuido más. El Abogado Barolo Longo llegó a Pompeya a trabajar dándose cuenta de la pobreza espiritual de los locales, comenzando a promover y difundir el rezo del rosario y hasta se encargó de mandar a hacer la imagen cuya réplica está en Caracas donada poro Monseñor Forni. Su nombre formal es Nuestra Señora del Rosario de Pompeya (Pompei).
 
 

SUPLICA A LA VIRGEN DE POMPEI

 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
 
     ¡Oh augusta Reina de las Victorias, oh Virgen soberana del Paraíso!, cuyo nombre poderoso alegra los cielos y hace temblar de terror a los abismos. ¡Oh gloriosa Reina del Santísimo Rosario!, nosotros, los venturosos hijos vuestros, postrados a vuestras plantas -en este día sumamente solemne de la fiesta de vuestros triunfos sobre la tierra de los ídolos y de los demonios-, derramamos entre lágrimas los afectos de nuestro corazón, y con la confianza de hijos os manifestamos nuestras necesidades.
 
     Desde ese trono de clemencia donde os sentáis como Reina, volved, ¡oh María!, vuestros ojos misericordiosos a nosotros; a nuestras familias, a nuestra nación, a la Iglesia Católica, al mundo todo, y apiadaos de las penas y amarguras que nos afligen. Mirad, ¡oh Madre!, cuántos peligros para el alma y cuerpo nos rodean; cuántas calamidades y aflicciones nos agobian. Detened el brazo de la justicia de vuestro Hijo ofendido, y con vuestra bondad subyugad el corazón de los pecadores, pues ellos son nuestros hermanos e hijos vuestros, que al dulce Jesús costaron sangre divina y a vuestro sensibilísimo Corazón indecibles dolores. Mostraos hoy para con todos Reina verdadera de paz y de perdón.  Dios te salve, Reina y Madre...
 

    En verdad, en verdad, Señora, nosotros, aunque hijos vuestros, con las culpas cometidas hemos vuelto a crucificar en nuestro pecho a Jesús y traspasar vuestro tiernísimo Corazón. Si, lo confesamos, somos merecedores de los más grandes castigos; pero tened presente, oh Madre, que en la cumbre del Calvario recibisteis las últimas gotas de aquella sangre divina y el postrer testamento del Redentor moribundo; y que aquel testamento de un Dios, sellado con su propia sangre, os constituía en Madre nuestra, Madre de los pecadores. Vos, pues, como Madre nuestra, sois nuestra Abogada y nuestra Esperanza. Y por eso nosotros, llenos de confianza, entre gemidos, levantamos hacia Vos nuestras manos suplicantes y clamamos a grandes voces: ¡Misericordia, oh María, misericordia!

 

      Tened, pues, piedad, ¡oh Madre bondadosa!, de nosotros, de nuestras familias, de nuestros parientes; de nuestros amigos, de nuestros difuntos, y, sobre todo, de nuestros enemigos y de tantos que se llaman cristianos y, sin embargo, desgarran el amable Corazón de vuestro Hijo. Piedad también, Señora, piedad, imploramos para las naciones extraviadas, para nuestra querida patria y para el mundo entero, a fin de que se convierta y vuelva arrepentido a vuestro maternal regazo. ¡Misericordia para todos, oh Madre de las misericordias! Dios te salve, Reina y Madre...

 

     ¿Qué os cuesta, oh María, escucharnos, qué os cuesta salvarnos? ¿Acaso vuestro Hijo divino no puso en vuestras manos los tesoros todos de sus gracias y misericordias? Vos estáis sentada a su lado con corona de Reina, rodeada de gloria inmortal sobre todos los coros de los Angeles. Vuestro dominio es inmenso en los cielos, y la tierra con todas las criaturas os está sometida. Vuestro poder, ¡oh María!, llega hasta los abismos, puesto que Vos, ciertamente, podéis librarnos de las asechanzas del enemigo infernal. Vos, pues, que sois todopoderosa por gracia, podéis salvarnos; y si Vos no queréis socorrernos por ser hijos ingratos e indignos de vuestra protección, decidnos, a lo menos, a quién debemos acudir para vernos libres de tantos males. ¡Ah!, no: vuestro Corazón de Madre no permitirá que se pierdan vuestros hijos. Ese divino Niño, que descansa sobre vuestras rodillas, y el místico Rosario que lleváis en la mano nos infunden la confianza de ser escuchados, y con tal confianza nos postramos a vuestros pies, nos arrojamos como hijos débiles en los brazos de la más tierna de las madres, y ahora mismo, sí, ahora mismo, esperamos recibir las gracias que pedimos. Dios te salve, Reina y Madre...

 

     PIDAMOS A MARÍA SU SANTA BENDICIÓN

     Otra gracia más os pedimos, ¡oh poderosa Reina!, que no podéis negarnos en este día de tanta solemnidad. Concedednos a todos, además de un amor constante hacia Vos, vuestra maternal bendición. No, no nos retiraremos de vuestras plantas hasta que nos hayáis bendecido. Bendecid, ¡oh María!, en este instante al Sumo Pontífice. A los antiguos laureles e Innumerables triunfos alcanzados con vuestro Rosario, y que os han merecido el título de Reina de las Victorias, agregad este otro: el triunfo de la Religión y la paz de la trabajada humanidad. Bendecid también a nuestro Prelado, a los Sacerdotes y a todos los que celan el honor de vuestro Santuario. Bendecid a los asociados al Rosario Perpetuo y a todos los que practican y promueven la devoción de vuestro Santo Rosario.
 

 

 

 

Por celebrarse el Domingo 3 el día del velorio de la "Santa Cruz de Mayo"  se traslado la fiesta de los Santos Felipe y Santiago el menor a este día. En este espacio la dejamos en su sitio habitual del santoral.

 

SANTOS DEL DIA:
Beato Ceferino Jiménez Maya

El primer santo gitano

 
 

 
 
     EL SANTO GITANO:

     Ceferino Jiménez Malla es el primer mártir gitano de la historia de la Iglesia, beatificado por Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997. Su padre, Juan Jiménez, el Tics, acabó huyendo de casa, y su madre, Teresa, “pedía limosna”. En sus viajes por los Monegros (montes negros de Aragón), Ceferino llegó a conocer aun bandido apodado "Cucaracha" de nombre de pila  Mariano Gavín, que robaba a los ricos y socorría a los pobres. Varias veces, conmovido por el hambre del gitanillo, lo invitó a comer con él. Era analfabeto, pero muy inteligente y de una memoria feliz. Se bautizó en Fraga. Aprendió a fabricar cestas, cañizos, canastas y espuertas con cañas y sarga, especie de mimbres ribereños.  A sus dieciocho años, Ceferino se casó con la gitana Teresa Giménez Castro. Tres años más tarde nació su otro hermano, Felipe, el Menino. El Pelé era un mocetón robusto; tenía dientes pequeños, muy fuertes, que conservó hasta su vejez. Fue un rasgo hereditario, porque un pariente suyo lograba torcer con los dientes una cuchara metálica. Su nieta Maruja recuerda haber oído rezar en catalán a un anciano tío de su padre. “Yo soy medio catalán, medio aragonés”, decía El Pelé. Hablaba caló, lengua pura de los gitanos, muy afín a las que hablan en la India occidental.

      La marcha de su padre  fue un verdadero trauma para la familia. Al Pelé, como hijo mayor, le correspondió hacer de patriarca de la familia. Ceferino vivió en Fraga y en Alcolea de Cinca, donde dejó recuerdos de hombre de bien, gitano honesto y religioso. A comienzos de siglo se estableció en Barbastro, en el modesto barrio de San Hipólito. El Pelé llamó la atención enseguida por su honradez en los tratos con caballerías. Alquiló una casa en aquel barrio de familias humildes. El Pelé no tuvo hijos en su matrimonio, aunque en 1909 o 1910 adoptaron una niña, Josefina Jiménez, la Pepita, sobrina de Teresa, nacida en Catarroja, Valencia. Le dieron una educación esmerada. En 1912, El Pelé se casó por la Iglesia, en Lérida, para no llamar la atención. Por 1915 se empieza a advertir en Barbastro la profunda religiosidad del gitano (“Iba a misa cada día entre las seis y siete de la mañana”).

      Un hecho cambió la fortuna del Pelé. Rafael Jordán, ex alcalde de Barbastro, estaba minado por la tuberculosis. Paseando por el Coso, “junto al abrevadero”, le acometió una hemoptisis, un vómito de sangre. La gente no se atrevía a acercársele, por temor al contagio. Lo vio El Pelé y se precipitó sobre él. Sacó su pañuelo limpio, lo mojó en un caño de la fuente y le limpió la cara y la boca de sangre. Luego, lo levantó con sus robustos brazos, lo animó y lo condujo a casa. Aquel gesto samaritano se divulgó por el vecindario. Simón, hermano de Rafael, que tenía negocios de vinos y licores, llamó un día al Pelé y le propuso en recompensa un negocio: traer de Francia un vagón de mulas que el Gobierno francés estaba liquidando, acabada la Guerra Europea, en 1918. Le dio dinero abundante y El Pelé compró en la frontera las mulas, que fue vendiendo por Jaca, Huesca y el Somontano. Quiso devolverle a Simón el préstamo y la mitad de las ganancias, pero él no se lo permitió. Habiendo pasado de pobre a rico, Ceferino compró la casa donde ya vivía, la embelleció, montó una cuadra por lo grande y decidió ser la providencia visible de los necesitados. “Era como el alcalde de los gitanos.” Intervenía en los pequeños conflictos de gitanos y payos. En los inviernos del somontano salía a caballo con su amigo El Ferruchón a llevar socorro, víveres y dinero a los gitanos de toda la comarca: Azlor, Abiego, Azara, Peralta, Hoz... Ayudaba a familias bajo el puente, a gitanas con niños en la miseria o recién nacidos y todo lo hacía con mucha discreción, a escondidas. “Nos enterábamos porque los pobres nos lo contaban.” Teresa, su mujer, empezó a alarmarse, y con razón.

     Hizo una gran amistad con un abogado de valía, catedrático de Derecho y cónsul de Venezuela, Nicolás Santos de Otto, a cuyos hijos éste educaba y alegraba con sus relatos. Santos de Otto lo defendió cuando lo acusaron falsamente de haber robado unas mulas. Conoció también El Pelé a Joaquín Costa y al oírle hablar de la nueva política hidráulica, de canales y pantanos que necesitaba España, pedía a gitanos y payos que lo votasen. En 1922 quedó viudo. Sólo le quedaba Pepita, de diecisiete años; ocho meses después arregla su matrimonio con Juan Alfredo Jiménez Gabarre, apodado el Lisardo. De ellos descienden las nietas y biznietas del Pelé, que asistieron a su beatificación. Les entregó el piso y él vivió en otro alquilado por Santos de Otto. Las nietas querían ir con él, y Maruja, la mayor, veía cómo por la noche rezaba con una vela ante el retrato de su mujer, y lloraba. Se adhirió a la Adoración Nocturna y se inscribió en la Orden Tercera Franciscana. Rezaba el rosario hasta por la calle y se entregó a la catequesis de los niños. Los llevaba de excursión hacia la Boquera y les contaba historias de la Biblia y episodios nacionales. Tenía un don especial con los pequeños. Se ponía a su altura, se arrodillaba incluso para hablarlos. Iba con sus nietas a la exposición del Santísimo y, al cantar, le veían correr las lágrimas.

 

ORACIÓN

Te pedimos Padre que siguiendo el testimonio de Ceferino, llevemos nuestra cruz de cada día con gran confianza en vos transformándola en fuente de vida, y sepamos ser fieles a tu amor en los momentos de dolor y dificultad. seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga..