REGINA RORYS ORA PRO NOBYS - NON NOBIS DOMINE SED NOMINI TUO DA GLORIAM - STAT CRUZ DUM VOLVITUR ORBIS - CRUX SANCTI ATRIS BENEDICTI - CRUX SACRA SIT MIHI MUX - NON DRACO SIT MIHI DUX - PAX

 


Mes dedicado a María Santísima del Rocío: Purísima e Inmaculada Madre de Dios, Madre Nuestra; Auxiliadora de los cristianos consuelo de los afligidos Blanca Paloma. ¡OH María sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a ti!  REGINA RORYS, ORA PRO NOBIS


 
 

 

 

 

VIERNES 1 DE MAYO

 
 
 
 

ADVOCACIÓN MARIANA:
Nuestra Señora del Monte Carmelo

 

 

ORACIÓN

Oh Virgen Santísima del Carmen, llenos de la más tierna confianza, como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia, que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado.
Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria ha sido señalaros a Vos por nuestra especial Abogada y Protectora. Por eso, a voz clamamos en todos nuestros peligros y necesidades, seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la Divina Gracia, conservad puras nuestras almas; sois la Torre poderosa de David, defended el honor y la libertad de nuestra Nación; sois el Refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el Consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y a los desvalidos; sois el Auxilio de los Cristianos, conservad nuestra fe, y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus obispos, sacerdotes y religiosos.

Desde el trono de nuestra gloria, atended a nuestras súplicas,
¡Oh Madre del Carmelo! Abrid vuestro manto, y cubrid con él a esta República de Chile, de cuya bandera Vos sois la estrella luminosa. Os pedimos aciertos para los magistrados, legisladores y jueces; paz y piedad, para los matrimonios y familias; santo temor de Dios, para los maestros; inocencia, para los niños; y para la juventud, cristiana educación. Aparta de nuestras ciudades los terremotos, incendios y epidemias, alejad de nuestros mares las tormentas y dad la abundancia
a nuestros campos y montañas. Sed Vos el escudo de nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes
 y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la Protección especial de los moribundos
 y la redentora de las almas del Purgatorio.

¡Oídnos pues, Madre clementísima!, y haced que, viviendo
 unidos en la vida por la confesión de una misma fe y por la práctica
 de un mismo amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser
 trasladados de esta patria terrenal a la patria inmortal del cielo,
 en la que os alabaremos y bendeciremos por los siglos
de los siglos. Así Sea.

MONSEÑOR RAMÓN ÁNGEL JARA
(1852-1917) Obispo de Ancud & La Serena
La Virgen del Carmen es patrona de Chile.

 
     En épocas muy antiguas los pobladores de lo que es hoy el puerto de Haifa, en Israel, adoraban en su mayoría al dios pagano Baal. El profeta Elías, que anunciaba el advenimiento, en esas tierras, del representante de Dios, les propuso que organizaran un sacrificio en las laderas del Monte Carmelo (Karmel, de donde proceden Carmen y Carmelo, significa en hebreo «jardín», y en latín «poesía»), en Galilea.
     El sacrificio tenía por objeto invocar a Dios el envío de la lluvia. Los primeros en llevarlo a cabo fueron los seguidores de Baal, con el sacrificio de un novillo. Enseguida, Elías y su pequeño grupo de seguidores realizaron el suyo y, al cabo de algunos instantes, cayó fuego sobre el mar acompañado de grandes truenos. Elías los invitó a subir a la cima de la montaña y desde allí dijo a los creyentes: "Una nube pequeña como la palma de la mano de un hombre sube del mar":
 
     De pronto se oscureció el cielo y cayó una lluvia abundante. Algunos afirman que lo que se vio en dicha nube fue la presencia de la Virgen. Sin em-bargo, otros le restan toda credibilidad a lo que califican como bella leyenda devocional, pues aún faltaban novecientos años para el nacimiento de María.
 
     A mediados del siglo XII un grupo de devotos de la Tierra Santa, procedentes de Occidente, posiblemente de Italia, decidieron instalarse en el mismo valle, y escogieron como patrona a la Virgen María. Fue allí, en el Monte Carme-lo, donde construyeron la primera iglesia a ella dedicada. No invocaban una advocación especial sino que veneraban aquellos valores reflejados por los evangelios: maternidad divina, virginidad, inmaculada concepción, anunciación.
Estos devotos que optaron por una vida en comunidad, de oración y de pobreza fueron el origen de la Orden de los carmelitas y su fe en la Virgen fue el germen de esa nueva advocación que significaba para entonces Nuestra Señora del Carmen, cuya devoción se propagó especialmente en los países en donde echaron raíces los carmelitas.
 

     En el año de 1246, a raíz de su nombramiento como superior general de la Orden, San Simón Stock comprendió que sin una intervención de la Virgen la Compañía tendría sus días contados. Recurrió entonces a María y le pidió su amparo y protección, llamándola «Flor del Carmelo» y «Estrella del mar». En respuesta a la ferviente oración, en julio de 1251 se le apareció la Virgen y le entregó el escapulario, desde entonces insignia carmelita, con la siguiente promesa: «Éste debe ser un signo y un privilegio para ti y para todos los carmelitas. Quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno».

 
   STELLA MARIS
 

     El convento del Monte Carmelo lleva la denominación de Stella Maris. Es un edificio cuadrangular, ubicado a 500 metros de altura sobre el nivel del mar. La parte central está ocupada por el santuario, cuyo diseño tiene la forma de la cruz griega. En el altar mayor se rinde culto a la imagen de la Virgen del Carmen, realizada por un escultor italiano en 1836. Debajo del altar puede verse la gruta de Elías, en donde, según la tradición, se refugiaba el profeta elegido, cuya presencia es evocada por una estatua.

 
 

 

 

SANTO DEL DIA: San José Obrero

 
 
     El 1 de mayo de 1955, Roma era un hervidero de gentes, venidas de muchas partes del orbe, y en la Ciudad Eterna parecía correr un aire nuevo, recién estrenado. La vía de la Conciliación vibraba con un eco nuevo, porque las rotundas voces de los obreros del mundo entero entonaban himnos entusiastas y sus pasos seguros al flamear de sus estandartes avanzaban al encuentro gozoso con el papa Pío XII. La plaza de San Pedro se iba llenando de gentes que llegaban a pie o en camiones que portaban instrumentos representativos de los trabajadores en los oficios más dispares. Allí, en la plaza, resonaban los gritos atronadores de «¡Viva Cristo trabajador! ;Vivan todos los trabajadores! ¡Viva el papa!» Eran más de 200.000 personas que se sobreponían al viejo latido del odio y de la muerte y que optaban por el latido de la resurrección y la vida.
     En el estrado papal, revestido de rojo carmesí y colocado a la entrada de la basílica de San Pedro, apareció la blanca figura de Pío XII y toda la plaza se llenó de un ¡hurra! ensordecedor y de un continuo agitar de pañuelos de todos los colores. La algarabía manifestaba alegría, gozo, satisfacción, plenitud de vida y se traducía en gritos de trabajo, paz y amor. Ordenadamente y poco a poco grupos de trabajadores avanzaban hacia el papa con miles de presentes, frutos de su trabajo, que venían a ofrendarle. A más de un rostro se asomaron las lágrimas, hechas de emoción y gozo interior.
     Luego el papa, con su figura hierática e imponente, se levantó y el silencio se adueñó de la plaza como por ensalmo. Todos, atentos y esperanzados, escuchaban las palabras del vicario de Cristo: «¡Cuántas veces hemos manifestado y vemos explicado el amor de la Iglesia a los trabajadores! A pesar de eso, se propaga la calumnia de que la Iglesia es aliada del capitalismo contra los trabajadores.
     Ella, madre y maestra de todos, ha tenido siempre especial interés por los hijos que se encuentran en condiciones más difíciles en la vida y ha contribuido, realmente y de manera notable, a la consecución de los importantes progresos obtenidos por diversas categorías de trabaja-dores». Ese mismo día, 1 de mayo de 1955, en el incomparable marco de la plaza de San Pedro repleta de 200.000 trabajado-res, el papa Pío XII proclamaba en la Fiesta del Trabajo, de corte socialista, la fiesta cristiana de San José Obrero. Y en el calendario de la Iglesia universal nacía la fiesta de San José Obrero, patrono de los trabajadores.

ORACIÓN

El Beato Juan XXIII, el 1 de mayo de 1959,
compuso y dirigió a San José Obrero la siguiente oración:

«Oh glorioso San José, que ocultaste tu incomparable y auténtica dignidad de custodio
de Jesús y de la Virgen María, bajo la humilde apariencia de un artesano, y con tu trabajo sustentaste sus vidas, protege con tu amable
poder a tus hijos que están especialmente
confiados a ti. Tú conoces sus angustias y sufrimientos, porque tú mismo experimentaste
todo esto al lado de Jesús y de su Madre.
No permitas que, oprimidos por tantas preocupaciones, se desvíen del fin para
el que fueron creados por Dios; no dejes
que los gérmenes de desconfianza dominen
en sus almas inmortales. Recuerda a todos
los trabajadores que -en los campos, en las
oficinas, en las minas y en los laboratorios
de la ciencia- no están solos a la hora de
trabajar, gozar y servir, sino que junto a ellos
está Jesús con María, Madre suya y nuestra,
para sostenerles, para enjugar-les el sudor,
y mitigar las fatigas. Enséñales a hacer del
trabajo, como hiciste tú, un instrumento
altísimo de santificación..
 

 

 

 
Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario, por lo que su Divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo, el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que te pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria y bien de mi alma; que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa.

Quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente y uniendo mi voz con sus afectos, te saludo una y mil veces diciendo: (Tres Avemarías).

 Virgen Santísima del Carmen, yo deseo que todos sin excepción, se cobijen bajo tu sombra protectora de tu Santo Escapulario y que todos estén unidos a Ti Madre Mía, por los estrechos y amorosos lazos de ésta tu querida insignia.

 ¡Oh Hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante su sagrada imagen y concédenos benigna tu amorosa protección. Te encomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre el Papa y la Iglesia Católica, nuestra
Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo,
 las mías propias y las de mis parientes y amigos.

 

     Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores,
 herejes y cismáticos, cómo ofenden a tu Divino Hijo
 y a tantos infieles cómo gimen en las tinieblas del paganismo.
 Que todos se conviertan y te amen, Madre Mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad. Amén.